Nº 1831 lunes 22 de junio de 2020


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Los grandes empresarios piden estabilidad política, reducción de impuestos, ampliación de los ERTEs hasta diciembre, y que el crédito ICO amplíe el periodo de carencia y los plazos


Cumbre empresarial de guante blanco con apoyo implícito a Sánchez

NL

Esta semana hemos podido ver cómo respiran los grandes empresarios españoles gracias a una acertada iniciativa del presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, presentada bajo el lema “Empresas españolas liderando el futuro”. Garamendi destacó el "compromiso con España" de todos los empresarios, que quieren "sumar" en el proceso de reconstrucción económica tras la epidemia de coronavirus. Los empresarios –aseguró– acuden así a esta cumbre "sin precedentes" con lealtad institucional pero también "con independencia", porque el objetivo es la reconstrucción "económica y social" del país, a la que acude con espíritu constructivo.

El presidente de Inditex, Pablo Isla, coincidió en destacar la "responsabilidad" con la que las empresas afrontarán la crisis que exigirá “mucha disciplina, audacia, madurez”. Y pide como contrapartida “muchísima responsabilidad por parte del Gobierno, de los partidos políticos, de las empresas, de los sindicatos y de los ciudadanos”. Enfatizó que hay que “hay que buscar consensos”, garantizar la seguridad jurídica, y “no descafeinar antes de tiempo” medidas como los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) o los avales a empresas “que están ayudando a que no se destruya el tejido empresarial”.

Juan Roig, presidente de Mercadona, opinó que es necesario eliminar trabas burocráticas y facilitar las inversiones finalistas. De cara al futuro, Roig se ha comprometido a mantener la inversión prevista de 1.700 millones en la transformación de la compañía.

Los banqueros coincidieron en la colaboración Estado/empresas

Ana Botín, presidenta del Santander, puso de relieve la importancia que han tenido los ERTEs y la necesidad de priorizar “el mantenimiento y la generación de empleos protegiendo a más de 6,5 millones de españoles que necesitan puestos de trabajo”. Reclama la presidenta del Santander un plan de choque en materia de empleo.

El presidente de BBVACarlos Torres, pide al Gobierno que facilite la iniciativa privada como mejor fórmula para reimpulsar el país porque “la mayor forma de reconstruir es minimizar la destrucción”.

Todos coincidieron en la necesidad de establecer una estrategia de manera coordinada entre sector público y privado. El presidente de CaixabankJordi Gual, reclamó “espíritu de unidad para conseguir que la economía vuelva a funcionar y deje de estar en el congelador”.

José Ignacio Goirigolzarri, presidente de Bankia, sostuvo que pedir a los bancos que paguen nuevos impuestos en esta circunstancia sería contraproducente. Si los bancos no son rentables, será un problema para toda la sociedad”.
Josep Oliu, presidente del Sabadell, reiteró que la colaboración público-privada y la colaboración entre administraciones y entidades financieras da unos niveles de confianza que tiene que mantenerse a futuro”.

Brufau, cada vez más eléctrico, discrepa de sus colegas

Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, propuso acelerar el cumplimiento de los objetivos del Plan de Energía y Clima –PNIEC– para que se cumplan en 2025 en lugar de 2030, fecha ahora prevista. Según sus cálculos, esto permitiría crear hasta 200.000 empleos, disminuyendo la dependencia energética de España y reduciendo las emisiones de CO2.
José Manuel Entrecanales, presidente de Acciona, sostuvo que "hay que crear un entorno de estabilidad y confianza, rebajar el clima de crispación política y social y enviar cuantos mensajes de unidad y consenso sean posibles". 
José Bogas, consejero delegado de Endesa, propuso como Galán acelerar los objetivos de transición ecológica. 

Francisco Reynés, presidente de Naturgy, opina que “el mundo habla mucho de lo medioambiental pero ejerce poco”.

Miguel Antoñanzas, presidente de Viesgo, sostiene que "la tecnología ya ofrece alternativas sostenibles. Pero no las elegimos".

Antonio Brufau, presidente de Repsol, pide calma y no precipitarse en la transición ecológica poniendo en peligro a las petroleras y al automóvil. "La estrategia ganadora es, en su opinión, reducir las emisiones de CO2 aumentando la eficiencia y manteniendo la seguridad desuministro”. Considera que las nuevas fuentes energéticas han de sumarse a la que ya existen y no sustituirlas cuando más falta hacen". En definitiva: ha llamado a proteger la industria nacional.

Colaborarán lealmente con el Gobierno

Ha llegado el momento de la reconstrucción económica que pasa por asegurar la supervivencia y el futuro del tejido productivo para lo que la colaboración entre el Estado y los empresarios es imprescindible.
No son, pues, procedentes, sería más bien suicida, en definitiva inconcebible, el enfrentamiento entre ambos estamentos. Garamendi, pragmático como corresponde al representante de los empresarios, ha liquidado rápidamente el boicot, más bien de boquilla, que hiciera a la negociación con los sindicatos tras la inoportuna irrupción en el Parlamento de la reforma laboral. No es momento de ruptura, sino de pacto.

Los presidentes de las grandes empresas que han ido desfilando por esta cumbre empresarial han mostrado ante la nación la necesidad de que se produzca la colaboración con el Gobierno sin que les eche para atrás que se trate de un gobierno de izquierdas y sin que sea óbice que en el mismo participe Unidas Podemos, que ha dejado de ser la bestia negra del empresariado, al tiempo que esta formación da muestras de realismo, pues, como decía su portavoz parlamentario, Pablo Echenique, no se puede pretender que se actúe como habían pensado antes de la pandemia.

Con la humildad debida

Si Pablo Casado esperaba que el estado mayor empresarial que forman los presidentes de las grandes compañías le secundarían en sus severas críticas al Ejecutivo habrá sufrido una gran decepción. Los presidentes no se han lanzado a la yugular de Sánchez, sino que se han mostrado con la humildad debida de quienes necesitan para salvar la vida millones y millones del Estado.

Iberia, por ejemplo, que tras el Brexit se honra en recuperar la bandera española y que ya ha recibido más de 700 millones en créditos ICO, lo que reclama con urgencia es que el AVE llegue a Barajas. Todas sus esperanzas están puestas en que el Estado español y la compañía aérea ”vuelen en la misma cabina”.  Su presidente, Luis Gallego, se resigna a que Iberia salga del Eurovirus “más pequeña y más endeudada”. Gallego milita entre los profetas pesimistas que vaticinan un comportamiento en ‘L’ de la economía, una caída vertical y una continuidad arrastrándonos durante algún tiempo sin levantar cabeza.

Y los hoteleros como Antonio Catalán reclaman dinero a espuertas, todo el dinero preciso para salvar una de las industrias más competitivas del mundo, el turismo, en la que España exhibe condiciones hoteleras en habitaciones y salones para eventos envidiables y envidiadas.

Se han limitado en su mayoría a expresar la penosa situación de sus empresas y a pedir la prolongación de los ERTEs al menos hasta diciembre y más facilidades para devolver los créditos ICO, elevando el periodo de carencia de un año a dos y el plazo para la devolución de cinco a siete años.

Los hay optimistas

No han faltado en la pasarela empresarial los optimistas como los aseguradores, donde el presidente de Mapfre, Antonio Huertas, estima que la crisis ofrece una gran oportunidad para la economía española y que espera que la experiencia de la pandemia lleve a un incremento de los seguros de vida y de crédito que no terminan de arrancar en España y establecer el seguro contra epidemias o tragedias similares. Pide Huertas atención a los jóvenes, que no pueden aguantar más.

O Andrés Arizkorreta, presidente de CAF, la suministradora de material ferroviario que espera beneficiarse del futuro del ferrocarril como medio de transporte eficaz y ecológico, cuya preocupación es la competencia desleal de China.
Al presidente de ALSA, Jorge Cosmen, le inquietan las consecuencias sobre el transporte en autobús del teletrabajo, de la reducción del transporte escolar y del Ingreso Mínimo Vital.

Y que no suban los impuestos

Y, por supuesto, no han perdido la ocasión de reclamar la bajada de las cargas impositivas o al menos que no suban. Obviamente no es una reclamación pandémica, sino el recordatorio ritual, doctrinal, de la dialéctica básica entre los empresarios; entre los gobiernos y los economistas; entre liberales y socialdemócratas; entre los que requieren un mínimo de Estado y sostienen que el dinero está mejor en manos privadas y los que creen en el Estado como rectificador de las injusticias sociales.

Un camino fácil, uno bueno y otro malo

Para el presidente de la Mutua Madrileña, Ignacio Garralda, existen dos caminos para reactivar la economía, uno malo y otro bueno. El malo es la subida de los impuestos y el bueno bajarlos. Garralda asegura que en una economía débil, al menos durante los próximos dos o tres años, subir impuestos llevará a la debacle. Y puso de ejemplo del camino de Alemania, el país líder de Europa, que ha procedido a bajar los impuestos.

Hay, en su opinión, una solución fácil de largo plazo: el recurso a la inflación que reduce la deuda, que oscilará entre el 115 y el 120% del PIB. Y estima que hay que reducir la bolsa del fraude fiscal a la mitad para ponerse al menos al nivel de Portugal, donde no supera el 6%.

De las intervenciones de los jefes de las grandes compañías se desprende que no ven alternativa a Pedro Sánchez quien, a pesar de lo que pueda parecer por la bronca opositora, se encuentra fuerte, en cabeza de las encuestas y con serias posibilidades de aprobar sus Presupuestos y culminar la legislatura.

 

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