Nº 1824 lunes 4 de mayode 2020


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La Unión Europea revisa su doctrina ultraliberal y acepta la vuelta a las nacionalizaciones

El capitalismo pacta con el diablo

NL

El capitalismo ha demostrado a lo largo de la historia una habilidad prodigiosa para adaptarse a las circunstancias para desesperación de Carlos Marx, que había anunciado su desaparición víctima de sus contradicciones internas. De crisis en crisis hasta la derrota final.

La brutal crisis sucia iniciada en 2008 por la conjunción del liberalismo salvaje con la retirada del Estado, por el matrimonio entre la desvergüenza financiera crecida en la arrogancia del “demasiado grande para quebrar” y la desregulación estatal, que merecía ser llevado a los bancos desaprensivos con grilletes al banquillo de la historia, se saldó tibiamente, con escasos parches ornamentales.

Pero lo que no pudieron el escándalo de las hipotecas basura y otras prácticas tóxicas que no fueron atajadas por la proclamada autorregulación ética puede conseguirlo ahora el coronavirus que nos vino de China. Y es que, como diría Don Carlos Marx si levantara la cabeza, valiéndose de Santa Teresa de Jesús, “Dios escribe derecho con renglones torcidos”.

Esta vez el Estado no regalará sus apoyos

La pandemia exige al Estado la movilización de cantidades sin precedentes de dinero en buena medida para salvar empresas. Ahora, a diferencia de lo que ocurrió tras la epidemia Lehman Brothers, no está dispuesto a regalárselo. Participará en el capital de las mismas o, directamente, en algunos casos, las nacionalizará, y también contra lo acostumbrado no se marchará cuando las haya puesto a flote.  

La catástrofe del coronavirus es de tal envergadura que la reacción de los doctrinarios liberales ha sido más bien tibia. Preguntado José Borrell por su opinión sobre lo que alegaron los pocos que se han manifestado denunciando al Gobierno por aprovecharse de la epidemia para nacionalizar empresas contestó: “¿Qué querían, que se lo regalásemos?”.

Borrell, que es vicepresidente en la Comisión Europea, no se refería al Gobierno español, sino al europeo. Y es que la presidencia de Ursula von der Leyen, que no es socialista precisamente, viene a coincidir, sin que ella hubiera soñado que pudiera ocurrir, con un cambio profundo con fondo ideológico de la Unión que actuará de forma contraria a su actuación frente a la crisis de 2008, en la que se actuó bajo el lema de que los males del capitalismo se curan con más capitalismo.

Se está produciendo una revolución asumiendo con más sinceridad otro importante lema que se esgrimía de boquilla: que los males de la democracia con más democracia se curan, lo que lleva no al fin del capitalismo, que no tiene rival tras la caída del Muro, pero sí a que el poder político recobre poder y se atreva a adoptar las medidas precisas sin que en esta ocasión se sientan atados de mano por el gobierno en la sombra de los grandes poderes económicos.