Nº 1806 lunes 23 de Diciembre de 2019


DESTACADO


 

Pablo Iglesias se queja de que el Ibex usa malas artes contra él

Los ‘lobbies’, como las meigas, existen


NL

En Unidas Podemos se quejan de que la prensa no catalana muestra una hipersensibilidad ante las presiones independentistas de cara a la investidura de Pedro Sánchez y que, en cambio, están, o estamos, ciegos ante los ‘lobbies’ que acongojan al candidato presionando contra la influencia de Pablo Iglesias en la política económica que podría llevar a cabo el Gobierno de coalición que se formará si, finalmente, el candidato socialista es investido, y previenen sobre los ministerios que se confiarán a su gente.

Pablo Iglesias y su Estado Mayor tratan de convencer al empresariado de que no es tan fiero el león como lo pintan y lamentan que no se valoren los sacrificios ideológicos que tendrán que aceptar para bien del PIB. Es evidente que no quiere asustar al empresariado ni a Bruselas, a la que acusan de la contradicción que, en su opinión, representa que la Comisión Europea regañe a Sánchez por el déficit al tiempo que le afean el alto índice de paro. Pablo Iglesias abandona a Calos Marx para acercarse a John Maynard Keynes.

La reforma laboral, su última trinchera

Aseguran en su entorno que lo mismo que aceptan la Corona, que hasta ahora era pieza innegociable, soportarían un presupuesto “realista”.  Su última trinchera sería la reforma laboral, cuya supresión total exigen. No tragan con los “paños calientes” que según insinúan ofrece la próxima vicepresidenta económica, Nadia Calviño.

Es éste un compromiso acordado entre Iglesias y los dirigentes sindicales, muy quejosos de que Fátima Báñez  los desarmara al primar los convenios de empresa sobre los sectoriales. Es justamente lo que denominan contrarreforma laboral lo que más preocupa a las organizaciones empresariales.

En cambio, Iglesias podría ceder en su exigencia de nacionalizar Bankia convirtiéndola en el núcleo de una banca pública. “No queremos nacionalizar la banca como pretendíamos en nuestros orígenes, sino simplemente nacionalizar Bankia”, nos decía un economista de Unidas Podemos, una reivindicación que nos recuerda está escrito negro sobre blanco en el programa de la formación morada. Es éste un asunto que preocupa no sólo a su actual presidente, José Ignacio  Goirigolzarri, que pedía a Sánchez que tuviera en cuenta que “la banca pública ya ha existido en España y en otros países en el pasado sin que llegara a buen término y luego se ha ido circunscribiendo al ICO, como en otros países europeos". Preocupa también a los demás banqueros, a quienes el término “nacionalización” les huele a cuerno quemado.

Los ‘lobbies’ se quejan

Al tiempo que Iglesias se queja de las arteras maniobras de los ‘lobbies’, escuchamos a empresarios representativos lamentos de que Sánchez no los escucha aunque le reconocen el suficiente pragmatismo de que no entra en sus propósitos tomar medidas que provoquen la huelga de los inversores que, según algunos empresarios, ya se está produciendo.

Obviamente, los ‘lobbies’ existen aunque no se les vea, como a las meigas, y hacen su trabajo aunque para ello tengan que disfrazarse de lagarteranas. Han aprendido de la nefasta experiencia del Consejo Empresarial de la Competitividad (CEC), que tuvo que disolverse porque no pudo disimular su condición de grupo de presión al margen de la defensa de intereses sectoriales, su condición de grupo de presión política, de poder fáctico; un artefacto que reunió durante cinco años a 15 grandes magnates de distintos sectores, incluidos los presidentes de los tres bancos más potentes. La primera preocupación de los ‘lobbies’ españoles es ahora no generar alarma, para lo que abominan del infamante término con que se los designa como ‘lobby’, grupo de presión, o poder fáctico, refugiándose en expresiones más inocuas como sociedad civil, grupos de interés, ‘stakeholder’ o similares.

En principio, un ‘lobby’ entendido como organización para la defensa de intereses legítimos no debiera generar inquietud siempre que su actuación sea legal y transparente. Sin embargo, todavía estamos lejos de lo que ocurre en Estados Unidos, donde los ‘lobbies’, dirigidos por profesionales bien pagados, están perfectamente integrados en el sistema. O en Bruselas, donde están dados de alta más de 20.000 ‘lobbies’ ante el Registro de la Comisión Europea. En contra del imperativo democrático que establece que nadie es culpable hasta que no se demuestre lo contrario, como garantiza el Código Penal, los ‘lobbies’ españoles tienen que demostrar su inocencia. 


La regulación de los ‘lobbies’, a paso de tortuga

Actúan en España ‘lobbies’ de distinta envergadura, como la AEB, Seopan, Anfac, Farmaindustria, en ámbitos sectoriales o la CEOE, o el Círculo de Empresarios; el Círculo de Economía de Barcelona; el Instituto de la Empresa Familiar, o de forma más ligera, el Foro Puente Aéreo o el Palco del Real Madrid, entre otros, en ámbitos suprasectoriales. Todos ellos subrayan que no actúan políticamente en el sentido fuerte de la palabra.

En todo caso, han pasado muchos años y distintos gobiernos que han prometido regular los ‘lobbies’ sin conseguir avances significativos. Jesús Lizcano, que hasta hace poco presidió Transparencia Internacional España, asegura que en este país “ha habido una evidente falta de interés por regular los ‘lobbies’, tanto por parte de los propios ‘lobbistas’ como sobre todo por los responsables públicos o políticos, potenciales destinatarios de las gestiones o presiones de los ‘lobbies’; es realmente necesario y urgente que en este país haya una normativa que garantice conocer quién influye en los procesos legislativos, cómo influye, sobre quién, con qué resultados y con qué medios económicos lo hace. Hay que resolver el importante retraso respecto a otros países en esta regulación legal para que haya un mayor conocimiento, confianza y control social de las actividades de estos grupos de interés”.

Hace un año, ‘El Nuevo Lunes’ dedicó una portada a este problema bajo el título: “La regulación de los ‘lobbies’, a paso de tortuga”, donde se informaba de que sólo tres empresas del Ibex se ‘retratan’ en el registro creado ad hoc por la CNMC, al tiempo que su regulación parlamentaria prometida languidece. Nuestro semanario señalaba que sólo estaban registradas tres compañías: Telefónica, Red Eléctrica y Cellnex”. En estos momentos sólo están registradas estas tres.

 


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