Nº 1805 lunes 16 de Diciembre de 2019


DESTACADO


 

Tanto Garamendi como Zulueta se han puesto muy solemnes expresándose en términos patrióticos

Las asociaciones empresariales se resignan a tragar con un Gobierno de coalición de la izquierda con la extrema izquierda


NL

Mientras el Rey hace su turno de consultas a los dirigentes políticos lamentando las dificultades para formar gobierno que perjudicaría nuestra posición europea, cunde la amarga convicción en el empresariado de que él único que tiene posibilidad de ser elegido es el secretario general del PSOE Pedro Sánchez, que gobernaría con Podemos con permiso de Esquerra Republicana de Catalunya, desoyendo la insistencia de las asociaciones empresariales en pro de una coalición de los socialistas con su derecha.

Las asociaciones empresariales se han resignado a la idea de que no hay alternativa por la derecha y que tienen que tragar con un Gobierno de coalición de la izquierda acompañada por la extrema izquierda que dependería de los independentistas constituidos en espada de Damocles.  Un dirigente empresarial resaltaba en conversaciones mantenidas con este semanario que esta asociación “no ocurre en ningún país de Europa donde la costumbre es la consecución de un centro escorado, según los momentos, a una izquierda leve o a una derecha moderada”.

Zulueta pone de ejemplo la elección de Ursula von der Leyen

John de Zulueta, presidente del Círculo de Empresarios, una asociación de 250 dirigentes empresariales de altura, la más refinada élite empresarial, su avanzadilla intelectual como ‘lobby’ de ideas, ponía como ejemplo en una Carta Abierta del Círculo al presidente Sánchez y a los líderes del PP y Ciudadanos lo ocurrido en la  elección de la Comisión Europea liderada por Ursula von der Leyen, con el apoyo de Socialistas y Demócratas, Partido Popular Europeo y los liberales de Renovar Europa, y “con el voto en contra de los partidos extremistas”.

En opinión del Círculo ello “demuestra que es posible lograr acuerdos desde distintas sensibilidades comprometidas con el progreso y la estabilidad”. ¿Por qué lo que ha sido posible en Europa no puede ser realidad también en España?
También es significativa la posición de la CEOE dirigida por Antonio Garamendi que, como confederación empresarial agrupa a todas las patronales de España, incluida la catalana, Foment del Treball Nacional presidida Josep Sánchez Llibre. Garamendi, desde que fue elegido presidente de la gran patronal hace poco más de un año, no ha parado de manifestar exigencias a Pedro Sánchez.

Garamendi se ha cuidado mucho de no criticar las negociaciones del PSOE con Esquerra prefiriendo no mencionar la bicha pues, como es sabido, cuando era vicepresidente de la patronal durante el mandato del anterior presidente, Juan Rosell, trató de que la CEOE emitiera una solemne declaración a favor de la unidad de España que se tuvo que tragar con patatas ante la oposición del catalán, y mantuvo una fuerte oposición a Rosell por “catalanista”.

Su posición actual se ha centrado, pues, en el terreno común del empresariado concreto: que si Sánchez pasa de presidente en funciones a funcionar como presidente efectivo aborde las reformas necesarias y, sobre todo, que no suba impuestos.

Solemnidad patriótica

Tanto Antonio Garamendi como John de Zulueta se han puesto muy solemnes expresándose en términos históricos. El primero señalaba en un comunicado que no mencionaba a Sánchez, que están en juego “40 años de progreso y paz social”  y recogía una pieza básica del Decálogo de la CEOE que exige “seguridad jurídica y la garantía del derecho de propiedad, la libertad de empresa  y la unidad de mercado”.

Y el Círculo de Empresarios, que se autodefinía como “organización de la sociedad civil que persigue el interés general”, hacía  un llamamiento para la constitución de un Gobierno constitucionalista lo que, en su opinión, “permitiría aliviar la preocupación de un gran número de ciudadanos y empresas ante un programa de gobierno que consideran perjudicial tanto para la economía como para la estabilidad institucional”.

Zulueta hacía referencia al “entorno independentista” y resumía los “serios desafíos económicos y sociales a que nos enfrentamos: al desempleo, las pensiones, la educación, la demografía, la productividad, la innovación, la deuda pública, la transformación digital o la transición energética”, para lo que pedía pactos de Estado entre grupos políticos que conformen mayorías centradas y estables que garanticen un horizonte de continuidad en las próximas legislaturas pues, en su opinión, “ningún partido será capaz por sí solo de afrontar con éxito esta inaplazable tarea, y menos con aliados situados en los extremos del tablero político o en el entorno independentista”.

Concluía su carta abierta con una proclama patriótica: la necesidad de ir avanzando “por el camino de prosperidad económica, inclusión social y bienestar que iniciamos juntos hace más de cuarenta años y tenemos que asegurar también a las nuevas generaciones. Creemos que España y los españoles se merecen este esfuerzo”.
 

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