Nº 1804 lunes 9 de Diciembre de 2019


DESTACADO


 

La hora de la verdad para las energéticas hispanas

De la retórica verde a la reducción de beneficios

NL

Al tiempo que transcurría en Ifema la Cumbre del Clima de la ONU conseguida para Madrid por Pedro Sánchez, que ha mostrado rapidez de reflejos, donde se constataba que este año ha sido un pésimo año para el planeta con máximos de emisiones de CO2 y las consecuentes elevaciones de temperatura, las compañías energéticas del país traducían sus respectivos compromisos con el medio ambiente a costa de la cuenta de resultados.

Se adelantó Francisco Reynés, presidente de Naturgy, que el año pasado realizó un recorte de 4.900 millones de euros del valor que aparecía en los libros por la depreciación de sus activos contaminantes en nucleares, carbón y gas.

Le siguió José Bogas, CEO de Endesa, que el pasado mes de noviembre anunció un recorte de mil millones de euros en los beneficios previstos por los cierres de centrales térmicas.

Endesa, que nació carbonera, y que es la que mantiene abiertas más térmicas, tiene el propósito de cerrarlas cuanto antes sustituyéndolas por energías limpias y renovables.

En pocos meses Endesa cerrará, como tenía previsto, la central de Compostilla, en Cubillos del Sil, un pueblo de la provincia de, León que es donde nació la compañía, por entonces propiedad del INI; y clausurará la de Andorra,  población de la provincia de Teruel, y adelanta en diez años la clausura de As Pontes en La Coruña, con capacidad de 1.469 MW y Litoral, situada en la población almeriense de Carboneras, de 1.159 MW, prevista para finales de 2031, que compensará con el incremento de renovables.

Brufau e Imaz prometen emisiones cero para 2050 y Galán para 2030

El pasado lunes los dirigentes de Repsol, su presidente no ejecutivo, Antonio Brufau, y el consejero delegado, Josu Jon Imaz, han dado un golpe proclamando un recorte de 4.800 millones de euros después de impuestos de la valoración de los activos más contaminantes del grupo y anunciando emisiones cero para el año 2050. Ignacio Galán, pisándole los talones, proclamaba el miércoles que él suprimiría todas las emisiones en España en el año 2030.

Brufau, que aprovechando su discurso ante la Junta de Accionistas pedía calma a la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, respecto al ritmo de dicha “transición” para evitar males mayores, dando entender, o así lo entendimos nosotros en ‘El Nuevo Lunes’, que rozaba el fundamentalismo, se ha convertido ahora en el más radical del sector.

El presidente de Repsol reclamó entonces, el pasado mes de junio en su discurso ante los accionistas, una transición energética “ordenada y posibilista”, prudente, al margen de ideologías y de los grupos de interés, porque, de lo contrario, advirtió, “se corre el riesgo de destruir una parte esencial del valor de nuestro país”.

Seis meses después, Brufau e Imaz han elevado la bandera radical en pro del planeta lanzando un plan ambicioso que promete cero emisiones netas para el año  2050 al tiempo que fija una senda de descarbonización del 10% en 2025; del 20% en 2030 y del 40% en 2040, superando audazmente los objetivos del Acuerdo de París, comprometiéndose a aportar su cuota parte para que se reduzca en dicho año a menos de dos grados centígrados el aumento de la temperatura del planeta.

Para conseguirlo incrementará fuertemente su generación de electricidad y el recurso a las energías renovables. Brufau irrumpe como un vigoroso intruso en el oligopolio eléctrico, el del ‘trespolio’ de Iberdrola, Endesa y Naturgy.

De mero suministrador del maldito petróleo, ahora caído en desgracia, a las compañías eléctricas, Repsol se revela como un temible competidor en la captura del consumidor final, que sitúa como columna vertebral de la compañía.  Y lo hace sin por ello abandonar el petróleo, su negocio tradicional en la exploración y producción que seguirá siendo prioritario en los próximos 50 años.

A esta estrategia se ha referido en numerosas ocasiones Josu Jon Imaz y de forma muy concreta cuando recibió el Premio al Mejor CEO de España 2018 de la revista ‘Forbes’. Imaz resaltó entonces que la compañía será un agente activo para conseguir "un mundo más descarbonizado”. "En los últimos años –explicó–, Repsol ha dejado de ser una petrolera para convertirse sobre todo en una gasista, y ahora, en su reciente actualización estratégica, ha apostado por los negocios bajos en emisiones, siendo ya un actor relevante en el mercado eléctrico español”.

Se presenta como una compañía multienergía pero ahora toca acelerar en la electricidad, donde cuenta ya con 2.952 MW en operación y 1.083 MW en desarrollo y realizará dos proyectos fotovoltaicos y uno eólico por un total de 1.600 MW adicionales con lo que la cartera de generación baja en carbono alcanza los 5.600 MW. La compañía incrementa en 3.000 MW su objetivo de generación de electricidad baja en carbono, hasta los 7.500 MW en 2025.
Ladillo

Si no se cumple con el planeta se rebajará el sueldo de los directivos

Antonio Brufau, el ‘intruso’ más inquietante para el viejo oligopolio de la luz, se ha lanzado a fondo con la creación de  Repsol Electricidad y Gas. Cuenta ya con más de un millón de clientes del kilovatio y es pionero en la instalación de estaciones de servicio para el repostaje rápido de vehículos eléctricos, en el tiempo en que se tarda en llenarlo de combustible, una iniciativa en la que tiene que competir duramente con el CEO de Endesa, José Bogas.

Repsol dará perdidas en este ejercicio pero asegura que no tendrá efecto en la generación de caja ni afectará a la anunciada propuesta de aumento de retribución de los accionistas, que recibirán un euro por acción. Anticipa que con los avances tecnológicos hoy previsibles puede alcanzar al menos el 70% de reducción de emisiones netas para este mismo año y se compromete a aplicar las mejores tecnologías para elevar esta cifra, incluyendo la captura, utilización y almacenamiento de CO2. En caso de que ello no sea suficiente recurrirá a la reforestación y a otras soluciones climáticas naturales.

La mejor prueba de que lo de Repsol va en serio es que de no conseguir estos propósitos sus directivos sufrirán mermas en sus particulares bolsillos. “Para reforzar el compromiso de la organización con estas metas –explica la compañía en su comunicado del pasado lunes– Repsol vinculará al menos el 40% de la retribución variable a largo plazo de sus directivos y líderes, incluidos el consejero delegado y los miembros de la alta dirección, a objetivos que dirijan a la compañía a cumplir con el Acuerdo de París y, por tanto, a su progresiva descarbonización “.

Véase en este mismo ejemplar de ‘El Nuevo Lunes’ el artículo de Maite Nieva titulado: A Repsol le sale bien su reconversión ecológica


 

... y todo El Nuevo Lunes en www.elnuevolunes.es

volver