Nº 1777 lunes 29 de Abril de 2019


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Carlos Torres se une a Pallete, Botín y compañía en proclamar nuestro derecho pero no lo pagan. Las plataformas ni se lo plantean

La revolución de los datos se basa en la expropiación de sus propietarios

 

NL

Resulta que nuestros datos particulares, nuestros gustos, relaciones y opiniones, lo más sagrado de nuestra intimidad, son un tesoro de valor creciente e incalculable. Incalculable porque nadie lo monetiza convirtiéndolo en euros, dólares o ‘bitcoin’.
Son ciertamente un tesoro para bancos, operadoras telefónicas, grandes almacenes y, sobre todo, para plataformas digitales, los dictadores de la revolución digital: las Amazon, WhatsApp o Facebook, que los explota vendiendo nuestras preferencias a entidades sin escrúpulos. O Google, en lucha con la Unión Europea para evadir impuestos. Y compañía. Algunas de ellas con más de mil millones de fichas personales. Entidades que además de abusar de su condición de monopolios, cuya consecuencia es el freno de la innovación, generan adición como las drogas, limitando nuestra libertad de elección.

Parece que la revolución digital que integra en su seno la del tráfico de datos sin fronteras, en un marco más global que nunca, sucesora de la revolución industrial que con las debidas transformaciones ha regido hasta ahora, tiene en común con la digital que nace sobre el abuso y la prepotencia.

Botín fue de las primeras en denunciarlo

Creo que fue Ana Botín una de las primeras en denunciar estos abusos, entre ellos el de competencia desleal. Lo hizo   en una especie de solemne manifiesto pronunciado en Deusto Business School ante unos 500 dirigentes empresariales. Fue también la primera en anunciar que el Santander en un futuro no lejano se parecería más a Google que a un banco. Vamos que, dicho de otra manera, a la  manera guerrista, no lo va a conocer ni la madre que lo parió.

Para la presidenta del Santander uno de los efectos más nocivos de las grandes plataformas es la falta de neutralidad política de la Red, lo que en su opinión exige un nuevo contrato social pues estamos aplicando leyes que están pensadas para la era industrial, no para la digital.  

Y a pesar de todo nada es suficiente para parar esta trayectoria de éxito o, al menos,  eso parecía hasta que estalló el escándalo de Cambridge Analytica. En su opinión, la la gente empieza a percatarse de que el precio de recibir servicios aparentemente gratis es la invasión de su privacidad. Que si el producto es gratis tú eres el producto, que no hay almuerzo gratis.  “Yo creo –afirmó la banquera– que el gran debate es el de la privacidad y los datos; y cómo regular estas grandes plataformas para que se imponga el criterio de que, a igual actividad, igual regulación. A igual riesgo, igual regulación, algo que sólo puede cambiar por la presión de la sociedad.

Pallete: “Los datos tienen valor económico y tiene que quedar qué recibo a cambio”

El presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, ha alzado su voz en una entrevista con Pepa Bueno en la SER en el mismo sentido. Fue Pallete muy vehemente en la defensa de la idea de que nuestros datos valen dinero. No pudo explicarnos, sin embargo, cuánto va a pagarnos Telefónica, que tantos datos tienen nuestros, como los bancos, por esos datos que reconoce tienen poder económico.
Álvarez-Pallete recalcó ante dos millones de oyentes del programa de Pepa Bueno que el propietario fundamental de los datos es la persona que los genera. “Los datos –proclamó– son tan intrínsecos a la persona como su dignidad, como su derecho al trabajo”.

Opina el presidente de Telefónica que los datos son un nuevo factor de producción. “Y –remachó– son tan míos como mi derecho a tener capital o trabajo. Los datos tienen valor económico y tiene que quedar claro qué doy y qué recibo a cambio”.

Aseguró Pallete que Telefónica custodia celosamente el acceso a los datos. “Nuestros clientes –tranquilizó– tienen que tener tres derechos fundamentales: que sus datos están seguros y protegidos, que sepan qué datos tenemos y que se sientan dueños de ellos”.

Estamos convencidos de que los custodia bien, pero no puede pretender Pallete que nos sentamos dueños de los mismos si no recibimos un euro por ellos.

Carlos Torres: “No pueden quedarse fuera los más vulnerables” 

“Lo que de verdad está cambiando –asegura el presidente del BBVA en una entrevista con Pablo Pardo para el diario ‘El Mundo’– es la revolución de los datos. Pero es muy importante –sostiene– que esa revolución de los datos sea universal y abarque a todos. No pueden quedarse fuera de ella los más vulnerables”.

Lo argumenta el segundo banquero español atinadamente, pero tampoco nos indica cómo se llevan a la práctica sus buenos deseos. “Nosotros –enfatiza– consideramos que la propiedad de los datos personales y empresariales debe considerarse un derecho fundamental de la persona. Cosas como cuánto camino, a dónde voy, qué deporte practico, o cómo va mi salud, deben considerarse como una extensión de la persona. Eso significa que el uso del dato debe basarse en el consentimiento, algo que en la UE, con la Directiva de Protección de Datos, ha quedado, en teoría, de manifiesto”.

En teoría pero no en la práctica, como él mismo explica al periodista, que le pregunta: ¿Por qué en teoría?: “Porque –sostiene– la Directiva establece muy bien el principio, pero hace falta encontrar fórmulas para que ese principio se ponga en práctica de un modo que haga efectivo el derecho del ciudadano a que sus datos sólo se usen con su consentimiento. Eso hoy no se da”.

La verdad es que uno encuentra un nuevo lenguaje en el nuevo presidente del BBVA en contraste con su antecesor, Francisco González. Bienvenido, señor Torres.

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