Nº 1754 lunes 12 de Noviembre de 2018


DESTACADO


Cuando un acto es impopular no hay gurús de la comunicación que puedan hacer cambiar la opinión ciudadana.
Sí ha cambiado de opinión el supremo tribunal provocando la satisfacción del sector financiero y el escándalo de los demás. Hay consenso en la Opinión de que el Tribunal Supremo ha sufrido un serio deterioro con la mala gestión de este asunto, con su titubeo inicial, y peor aún con la decisión finalmente adoptada. Pero la banca ha obtenido  una victoria pírrica que añade un factor más a una imagen pública adversa.
La verdad es que ni la propia banca soñó con la decisión del Supremo de cargar el impuesto a los clientes. Sus esperanzas estaban puestas simplemente en que no se la castigara con la retroactividad. Daban por hecho que a partir de ahora tendrían ellos que asumir los gastos fiscales del proceso hipotecario.

Ni siquiera la banca esperaba la decisión del Supremo, limitando sus expectativas a la retroactividad

La impopularidad de la sentencia suprema ha dado a Sánchez la oportunidad de lucirse y ganar puntos en su gobierno electoral

NL

Los esfuerzos desplegados por la AEB para convencer a los periodistas del tremendo error que supondría cargar al cliente el Impuesto de Actos Jurídicos Documentados no ha servido para cambiar la opinión del país, no sólo de los hipotecados. Cuando un acto es impopular no hay gurús de la comunicación que puedan hacer cambiar la opinión ciudadana.

Sí ha cambiado de opinión el supremo tribunal provocando la satisfacción del sector financiero y el escándalo de los demás. Hay consenso en la Opinión de que el Tribunal Supremo ha sufrido un serio deterioro con la mala gestión de este asunto, con su titubeo inicial, y peor aún con la decisión finalmente adoptada. Pero la banca ha obtenido  una victoria pírrica que añade un factor más a una imagen pública adversa.

La verdad es que ni la propia banca soñó con la decisión del Supremo de cargar el impuesto a los clientes. Sus esperanzas estaban puestas simplemente en que no se la castigara con la retroactividad. Daban por hecho que a partir de ahora tendrían ellos que asumir los gastos fiscales del proceso hipotecario.

Decretazo de Sánchez

La impopularidad de la sentencia suprema ha dado al presidente del Gobierno la oportunidad de lucirse y ganar puntos en la campaña electoral en la que se ha montado desde que llegó al Gobierno. Les remito a ustedes al reportaje de Nuria Díaz al que dedicamos nuestra portada con los títulos: “Decretazo de Sánchez para que la banca pague el impuesto hipotecario”, “Tras el fiasco del Tribunal Supremo, impulsa la reforma de la ley y la creación de un órgano independiente para defender al consumidor financiero”.

En realidad la Asociación de la Banca de España (AEB), a la que por inercia denominamos patronal bancaria, ya no es un ‘lobby’ como lo fue cuando se la situaba entre los poderes fácticos, junto al Ejército y la Iglesia. Las fusiones entre distintas entidades, cuyo último episodio fue la desaparición del Banco Popular, ha hecho que el ‘lobby’ se haya trasladado de la Asociación de la Banca a los banqueros y mayormente a los presidentes de los tres grandes: Santander, BBVA y Caixabank, que son con los que se reúne Pedro Sánchez con menos frecuencia de lo que hacía José Luis Rodríguez Zapatero.

La AEB que preside José María Roldán desde 2014, como la que presidía su antecesor Miguel Martín, ambos, por cierto, procedentes del Banco de España, ya no es el ‘lobby’ que fue en otros tiempos. Ahora el ‘lobby’ se produce de cara a la Comisión Europea. Precisamente la elección de Roldán se basó en las funciones que realizó en Bruselas.   
La AEB se centra ahora fundamentalmente en la función de consultora, de apoyo técnico. Sin embargo, ese apoyo técnico pasa por tratar de mejorar la imagen de la banca que, tras la crisis económica de los diez años, hasta ahora, se encuentra en el peor momento de su historia.

Zapatero, Rajoy y Sánchez se reunían con los banqueros

El anterior presidente socialista lo pasó estupendamente reuniendo en Moncloa a los banqueros y cajeros por cuyas venas circulaban los flujos dinerarios del país en aquellos momentos en que se nos clavaban los cuernos de la crisis. Hay que recordar que los contribuyentes habíamos prestado mucho dinero a los bancos: 250.000  millones de euros puestos a su disposición en avales y compra de activos destinados a “las familias y a las pymes”, donde no llegaban.

Zapatero se había reunido con los banqueros tres veces en cuatro meses: 6 de octubre de 2008; 10 de noviembre del mismo año; y 2 de febrero de 2009, lo que le puso a huevo al secretario de Comunicación y portavoz del Partido Popular, Esteban González Pons, para reprocharle en el Congreso de los Diputados: “Es usted el presidente de los banqueros y no el de los españoles”.

Mariano Rajoy también hablaba con banqueros pero de uno en uno y de forma discreta, casi clandestina. Si para Zapatero el testimonio gráfico era lo fundamental de la reunión, Rajoy huía del testimonio y de los fotógrafos con el mismo ahínco cuando se reunía con un empresario o con un banquero.

La verdad es que no sabemos si el presidente Sánchez se reunió con quien debiera, con Pablo Hernández de Cos, que cumple cinco meses como gobernador del Banco de España y que, a diferencia de sus antecesores, está en condiciones y ganas de ser independiente.


Las fusiones entre distintas entidades, cuyo último episodio fue la desaparición del Banco Popular,  ha hecho que el ‘lobby’ se haya trasladado de la Asociación de la Banca (AEB) a los banqueros y mayormente a los presidentes de los tres grandes.
La AEB que preside José María Roldán desde 2014 como la que presidía su antecesor Miguel Martín, ambos, por cierto,  procedentes del Banco de España, se centra ahora fundamentalmente en la función de consultora, de apoyo técnico. Sin embargo, ese apoyo técnico pasa por tratar de mejorar la imagen de la banca que, tras la crisis económica de los diez años, hasta ahora, se encuentra en el peor momento de su historia.



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