Nº 1738 lunes 25 de junio de 2018


DESTACADO



La opacidad no desaparece, se disfraza

Nuestra Encuesta de Transparencia Informativa muestra mejoras insuficientes

 

 
Si todo el mundo está a favor de la transparencia, ¿por qué sigue publicando su Encuesta El Nuevo Lunes? ¿No ha llegado precisamente el momento de morir dignamente con la satisfacción del deber cumplido? Desgraciadamente, no es así. El reconocimiento general de la importancia de la asignatura y las proclamaciones solemnes de realizarla por parte de los poderosos no significa que haya triunfado la transparencia. De hecho, junto al reconocimiento piadoso de la virtud se ha producido una competición sobre quién es más virtuoso al tiempo que se contamina con propósitos de marketing. La opacidad no ha desparecido, sino que se disfraza con ropajes aparentemente más respetables.
Por eso, El Nuevo Lunes ha ido afinando su metodología inicial sin que por ello se pierda la perspectiva básica. Nuestro Jurado, integrado por periodistas de la mayoría de los medios, ha pasado de puntuar la transparencia en términos generales, con un solo dígito, a un análisis complementario de aspectos relevantes. Como la calidad de las informaciones proporcionadas; la rapidez en comunicar la información y responder a los requerimientos de los profesionales de la información; la extensión y profundidad de la web corporativa, así como la accesibilidad de las fuentes, de los directivos de las distintas entidades y de sus responsables de Prensa, y su juicio sobre las presiones que reciben.


NL

Destacamos esta semana que en este número de El Nuevo Lunes publicamos el ranking de Transparencia Informativa 2018 que este semanario viene realizando desde su nacimiento en febrero de 1981, hace 38 años.

Fue esta la primera iniciativa de este periódico en un momento en que lo de la transparencia sonaba a chino. Pedir entonces transparencia a las empresas parecía una reivindicación revolucionaria. “La tendencia natural de los empresarios –nos decían– es lo contrario a la transparencia. Es la opacidad”.
Todos, especialmente en la banca, competían en opacidad disfrazada de precaución frente a la competencia”. En aquel momento, el único personaje que predicaba la necesidad no sólo ética, sino también pragmática, como palanca para una buena gestión era Luis Valls Taberner, presidente del Banco Popular, que predicaba con el ejemplo informando sobre algo tan sensible como el sueldo de los directivos y publicando en su celebrado “Repertorio de Temas”, escrito por su propia mano, asuntos delicados del quehacer de la entidad, sin ocultar la comisión de fallos y de abusos.
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Aquellos tiempos en que el Banco Popular era pionero

Entendía Luis Valls que la tendencia natural del directivo de cualquier empresa o de entidades de otro tipo, los sindicatos, los partidos o los funcionarios del Estado, era la de monopolizar información como patrimonio de poder. No es de extrañar que el Banco Popular, hoy tristemente desaparecido, se colocara en la cabeza del Ranking de Transparencia Informativa de El Nuevo Lunes durante muchos años lo que movió a Valls a sugerir al director de El Nuevo Lunes, José García Abad, que se colocara a la entidad en el cuadro de honor y dirimir el laurel entre otros meritorios.

Competían entonces por el primer puesto de la prestigiosa encuesta entre los entonces “Siete Grandes”: el Banco de Bilbao presidido por José Ángel Sánchez Asiaín y el Banco de Vizcaya presidido por Ángel Galíndez, pero que dirigía efectivamente Pedro Toledo, personajes que exhibían una mentalidad moderna frente a las visiones anticuadas de los dirigentes de Banesto y del Banco Central. No deja de ser chocante que el banco producto de la unión del Bilbao y el Vizcaya, en contraste con los méritos de ambos, sea el que ocupe el último puesto en la Encuesta de 2018 que aparece en el ejemplar que tiene usted en sus manos.

Un valor reconocido universalmente… de boquilla

Han pasado los años y hoy la Transparencia Informativa, por la que apostó El Nuevo Lunes desde su nacimiento y que entonces se consideraba una reivindicación un tanto exótica, una utopía irrealizable e indeseada por los poderes económicos, se ha convertido en un imperativo de general aceptación, al menos de boquilla.

Hoy la Transparencia Informativa se reconoce como norma básica para el justo y eficaz funcionamiento de los mercados; como valioso instrumento de gestión interna; y, sobre todo, como una obligación de los políticos, de dirigentes de cualquier entidad que se precie y, por supuesto, de los empresarios de cara a los accionistas, clientes, consumidores y ciudadanos en general. De hecho se ha generalizado la idea de que la transparencia es uno de los elementos clave para la justificación del ejercicio del poder.
Si todo el mundo está a favor de la transparencia, ¿por qué sigue publicando su Encuesta El Nuevo Lunes? ¿No ha llegado precisamente el momento de morir dignamente con la satisfacción del deber cumplido?. Desgraciadamente, no es así. El reconocimiento general de la importancia de la asignatura y las proclamaciones solemnes de realizarla por parte de los poderosos no significa que haya triunfado la transparencia. De hecho, junto al reconocimiento piadoso de la virtud se ha producido una competición sobre quién es más virtuoso al tiempo que se  contamina con propósitos de marketing. La opacidad no ha desparecido sino que se disfraza con ropajes aparentemente más respetables.
Ladillo

Hemos afinado la metodología para detectar las falsas transparencias

Por eso, El Nuevo Lunes ha ido afinando su metodología inicial sin que por ello se pierda la perspectiva básica. No hay ninguna otra encuesta sobre transparencia que dure 38 años. Esta es su primera virtud, pues permite seguir año a año la evolución de la cuestión. Hemos pasado de puntuar la transparencia en términos generales con un solo dígito a un análisis complementario de aspectos relevantes que proporcionan una idea más fiable en razón de las exigencias de los inversores y clientes en el caso de las empresas que cotizan en Bolsa; de los contribuyentes en el del juicio a los ministerios; y de los votantes en lo que a los partidos políticos se refiere.

Todo ello según la interpretación de los profesionales de la información, que son los intermediarios entre los poderes políticos y económicos y los ciudadanos y los que nos ofrecen su experiencia profesional respecto a las distintas fuentes informativas.

Ahora, los periodistas que integran nuestro jurado analizan aspectos tan significativos como la calidad de las informaciones proporcionadas; la rapidez en comunicar la información y responder a los requerimientos de los profesionales de la información; la extensión y profundidad de la web corporativa, así como la accesibilidad de las fuentes, de los directivos de las distintas entidades y de sus responsables de Prensa y su juicio sobre las presiones que reciben.

... y todo El Nuevo Lunes en www.elnuevolunes.es

 

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