Nº 1720 lunes 19 de febrero de 2018
DESTACADO

 

Sea o no sea Villar Mir el constructor “importante y poderosísimo” a quien se refería José María García

“Para hacer un metro de obra pública tengo que pasar por caja”


  

Concedamos a García el beneficio de la duda respecto a la identidad del constructor referido, “importante y poderosísimo” pues no es lo mismo una machada radiofónica que prestar testimonio ante el juez de la Audiencia Nacional Manuel García-Castellón, instructor del caso Lezo que investiga la entrega de 1,4 millones de euros al PP a cambio de la adjudicación de la obra del tren de Móstoles a Navalcarnero. Sin embargo nos quedamos con la respuesta que éste le proporciona, pues señala a lo que nadie duda en el sector de la obra pública: que quien no acudía a Génova con un maletín repleto de euros no se comía una rosca.

■ N. L.

Se comprende que José María García no fuera tan valiente ante el juez como en la charla que mantuvo con Jordi Évole en Salvados. Sin embargo, caben pocas dudas sobre a quién se refería en la conversación de la noche del domingo 12 de febrero en La Sexta.

“Sí. Un día a un empresario importantísimo, cazado in fraganti, le digo: ‘Tú que has tenido cargos políticos importantísimos en este país, ¿por qué estás comprando a políticos?", relató García. A lo que el empresario, según la versión de García, contestó: “Yo tengo una empresa que tiene más de 30.000 obreros, si yo no hago obra pública yo no puedo sobrevivir. Y para hacer un metro de obra pública, tengo que pasar por caja”.

El presentador del programa, Jordi Évole, insiste: “¿Financiaba ilegalmente a un partido político ese constructor? Porque entiendo que es un constructor…”. “Un constructor importante y poderosísimo”, contesta José María García.

“¿Empieza por Villar y acaba por Mir?”

Évole añade: “¿Y que había tenido cargos políticos? ¿Igual había sido ministro en otra época de este país? Es que claro… Es que son muchas pistas. ¿Empieza por Villar y acaba por Mir?”. Y José María García concluye: “Empieza por V y acaba por R”.
Concedamos a García el beneficio de la duda respecto a la identidad del  constructor referido, “importante y poderosísimo”, pues no es lo mismo una machada radiofónica que prestar testimonio ante el juez de la Audiencia Nacional Manuel García-Castellón, instructor del caso Lezo que investiga la entrega de 1,4 millones de euros al PP a cambio de la adjudicación de la obra del tren de Móstoles a Navalcarnero. Sin embargo, nos quedamos con la respuesta que éste le proporciona, pues señala a lo que nadie duda en el sector de la obra pública: que quien no acudía a Génova con un maletín repleto de euros no se comía una rosca.

La corrupción ni se crea ni se destruye, se transforma

Obviamente, ahora que algunos jueces valientes investigan las corrupciones, sin atemorizarse ante los “importantes y poderosísimos”  corruptores y corrompidos,  no es probable que ningún político asuma el riesgo de cárcel por valerse del burdo sistema del maletín. La corrupción ni se crea ni se destruye, se transforma, como sostenía Lavoisier para la materia. Ingenio no falta cuando los intereses son fuertes, y en el sector de las infraestructuras son fortísimos.

Sea o no sea Villar Mir el constructor “importante y poderosísimo” a quien se refería José María García, el axioma sigue vigente: “Para hacer un metro de obra pública, tengo que pasar por caja”. Que es prácticamente lo mismo que nos dijo otro constructor importante y poderosísimo: “En este país no se coloca un bolardo entre Irún y Tarifa sin que alguien cobre. Te digan lo que te digan y se pongan como se pongan”.

“Cuando el político no puede trincar, trinca el técnico”

En estos momentos puede uno suponer que ningún político se arriesgará a recoger dinero para sí o para su partido ni ningún empresario a entregarlo, pero son más difíciles de detectar otras corrupciones más sutiles, como la de los técnicos cuyos informes pueden decidir una adjudicación.

“¿Quiénes son los corruptos  –preguntábamos a nuestra fuente–, los técnicos o los políticos?”. “Pues muy sencillo –sentenció el constructor–. Es como la dinámica del junco: Cuando el político quiere trincar, el técnico, como el junco cuando sopla el viento, se retira. Cuando el político no puede trincar, como ahora, se levanta el junco y trinca el técnico, que es lo más habitual”.

Volver