Nº 1705 lunes 23 de octubre de 2017
DESTACADO

El ministro de Economía no hace bien las cuentas al explicar en el Parlamento su decisión sobre el Popular

Asegura De Guindos que hemos ahorrado 36.000 millones pero no explica por qué se dejó caer a un banco solvente

 

Obvió el ministro explicar por qué se dejó caer al sexto banco del país, reduciendo la competencia en el mercado financiero. Su eliminación, además de la pérdida de los accionistas, representa la eliminación de un banco viable aunque con problemas de liquidez que podrían haberse resuelto, que representaba una fuente productiva, generadora de riqueza, de empleo y de ingresos tributarios para el Estado. Luis de Guindos, al referirse al ahorro de 36.000 millones, no hace las cuentas adecuadamente al no tener en cuenta estos efectos, que no son precisamente secundarios. No explica qué se precipitó la caída del banco, con la retirada de cuentas públicas como la del Tesoro, Loterías, Seguridad Social, etc. Ni tampoco por qué el Banco de España, que conocía perfectamente la evolución de la entidad, no reaccionó a tiempo, pues es evidente que un banco no se cae en una semana.

■ N. L.

Luis de Guindos reiteró el pasado miércoles ante  una interpelación del diputado socialista Pedro Saura las explicaciones que ha venido dando para justificar la política seguida con el Banco Popular que recaló en el Banco Santander vendido por un euro.
Aseguró el ministro que haber dejado caer a la entidad habría tenido un coste para España de unos 36.000 millones de euros. Esa cifra sería la deuda que tendría que haber emitido el Tesoro para que el Fondo de Garantía de Depósitos, que no dispone de recursos por este importe, pudiera garantizar a todos los clientes del Banco Popular sus ahorros de hasta 100.000 euros. La cuestión es que el Banco Popular cayó y perdieron su inversión sus 300.000 accionistas, un hecho sin precedentes.

Lo que no dijo el ministro

Obvió el ministro explicar por qué se dejó caer al sexto banco del país, reduciendo la competencia en el mercado financiero. Su eliminación, además de la pérdida de los accionistas, representa la eliminación de un banco viable aunque con problemas de liquidez que podrían haberse resuelto, que representaba una fuente productiva, generadora de riqueza, de empleo y de ingresos tributarios para el Estado.

Luis de Guindos, al referirse al ahorro de 36.000 millones no hace las cuentas adecuadamente al no tener en cuenta estos efectos, que no son precisamente secundarios. Al dar por hecho que el Popular estaba condenado, que el banco zombi al que se refirió en su día –una expresión que también había utilizado Saracho en petit comité–  pasó de la muerte en vida al eterno descanso.

Lo que no explica el ministro es por qué se precipitó la caída del banco con la retirada de cuentas públicas como la del Tesoro, Loterías, Seguridad Social, etc. Ni tampoco por qué el Banco de España, que conocía perfectamente la evolución de la entidad, no reaccionó a tiempo, pues es evidente que un banco no se cae en una semana.

Tampoco nos informó de por qué le pareció al ministro, al gobernador del Banco de España, Luis María Linde, y al subgobernador, Fernando Restoy, que Emilio Saracho, un personaje sin experiencia en banca comercial, era la persona adecuada para reconducir un banco en dificultades. En definitiva, por qué no actuó como el gobierno italiano para defender la continuidad de sus bancos en dificultades evitando la traumática decisión del gobierno español.

Es de esperar que los jueces aclaren con el tiempo las incógnitas que se plantean pero, desde luego, la intervención del ministro el pasado miércoles no servirá para aclarar el fondo del asunto.

El Banco Popular tenía un valor que el presidente de BBVA, Francisco González, calibró en 5.500 millones de euros y el Santander, en unos 2.000. Desde luego valía algo más que un euro. FG no se decidió a formular una oferta en firme por su conocida indeterminación crónica, mientras Ana Botín optaba por esperar hábilmente a que el banco fuera perdiendo valor y la compra le resultara más barata; aunque nunca soñó que podría adquirirla por un euro.  

Entre todos lo mataron

Contribuyeron a la caída vertiginosa distintos acontecimientos, como el juego a corto de Antonio del Valle, conocido tanto por el Banco de España como por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), que no se molestaron en cortar como después harían con Liberbank.

Como las increíbles declaraciones de Emilio Saracho en la Junta de Accionistas; sus imprudentes manifestaciones off the record en las que aseguraba que las acciones del banco estaban sobrevaloradas y las aún más increíbles manifestaciones al diario digital El Confidencial en las que daba a entender que el banco estaba en quiebra. Así como las efectuadas por Elke König, presidenta del Mecanismo Único de Resolución de bancos (MUR), que apuntilló el banco cuando el 31 de mayo declaró “alerta temprana” para la entidad.

Contra la opinión de Luis María Linde

Parece claro que Luis de Guindos actuó contra la opinión del gobernador del Banco de España, tal como se desprende de  su comparecencia ante el Congreso de los Diputados. Sus palabras de entonces son muy esclarecedoras, por lo que nos permitimos citarlas con alguna extensión.
           
Aseguró el gobernador que el Banco Popular “fue solvente” hasta 48 horas antes de su caída, hasta el 5 de junio. El día 7 fue declarado “inviable” por el Banco Central Europeo, expropiado por el Mecanismo Europeo de Supervisión y vendido por un euro al Banco Santander. Dos días antes aún recibía ayuda de emergencia del Banco de España, que solo es posible conceder si cumple los requisitos de solvencia. Sostuvo que “la solvencia no se mide de manera poética, sino con unos ratios”. Insistió el gobernador ante preguntas de los diputados que el problema del Banco Popular no ha sido de solvencia, ha sido de “liquidez” y sostuvo que la fuga de depósitos de la entidad no fue por miedo de los clientes a que fuera insolvente. Y declinó comentar a qué se ha debido tal crisis de liquidez y por qué organismos públicos retiraron previamente depósitos.