Nº 1704 lunes 16 de octubre de 2017
DESTACADO

El líder del Universo Caixa habló con el Rey y con Rajoy para que el Gobierno cambiara la legislación en el primer Consejo de Ministros

Isidro Fainé, factor clave en el frenazo de Puigdemont

 

Según nuestras noticias, Isidro Fainé se entrevistó con el Rey y con el presidente del Gobierno y exigió a éste, con el apoyo explícito y entusiasta de aquél, que no le diera más vueltas a la cuestión, que había llegado el momento de actuar en el terreno más decisivo, el de las cosas de comer. Y exigió que el presidente, en el primer Consejo de Ministros, cambiara la legislación de forma que La Caixa y Caixabank pudieran trasladar su sede sin necesidad de la aprobación de la Junta General de Accionistas.

■ N. L.

La salida del Universo Caixa, o si se quiere el Universo Fainé, de Cataluña ha sido la causa fundamental de que Puigdemont no proclamara de forma clara y terminante la República Catalana. Encontramos cierta similitud, salvando las distancias de tiempo, economía y contexto internacional, con la declaración que hiciera en 1934 el entonces presidente de la Generalitat Lluís Companys a quien, como quizás Puigdemont, sufrió del vértigo de una proclamación pura y dura de la independencia.

Companys la proclamó “dentro de la República Federal Española”. La II República no era federal, sino unitaria, “integral” según el término acuñado en un debate constitucional en el que flotaba, sentimentalmente, el federalismo de Pi i Margall durante la I República, pero que no logró traducirse en votos.

Puigdemont ha suavizado el vértigo por medio del confusionismo, suspendiendo su declaración cuya realidad ponen en cuestión los juristas, dejando la solución final al  diálogo.

De Cambó a Fainé

La gran diferencia con el 34 es que Carles Puigdemont ha tenido en cuenta la opinión de Isidro Fainé mientras que Lluís Companys despreció la de Francesc Cambó, importante empresario, dos veces ministro de Alfonso XIII e inspirador con su Lliga del catalanismo pactista. Cuando Cambó le hizo notar al president que la independencia de Cataluña sería fatal para la peseta éste le replicó: “Yo me cago en la peseta”.

La retórica es la retórica pero es muy dudoso que el Govern y Junts pel Sí se caguen en el euro restaurando la peseta, que sería el desiderátum de la CUP, aunque sea una palabra catalana que  les ahorraría el trabajo de inventarse otra moneda. Nos parece observar la coexistencia de un deseo vehemente de independencia embridado por el vértigo de la ruptura del cordón umbilical con España. Desde luego el vértigo, incluso en término de miedo, está afectando a una buena parte de la ciudadanía.

Cambó estaba encantado con la revuelta del 6 de octubre de 1934, profetizada por él, que, en su opinión, fracasaría rápidamente y liquidaría la hegemonía de la Esquerra. Cambó aseguraba el 28 de septiembre, unos días antes de la rebelión, marcando la posición de la Lliga: “Si en Cataluña se restaura la concordia entre los catalanes  y vamos a hacer política constructiva, será la hora de la Lliga Catalana. Mientras en Cataluña se haga obra de persecución y obra de discordia, no podremos ser sino una reserva, porque nosotros hemos vinculado los momentos de nuestro triunfo con los momentos de excelsitud de España y de grandeza de Cataluña”.

Según cuenta Jesús Pabón en su monumental biografía, en los días previos al estallido Cambó parecía estar seguro de que el movimiento revolucionario se produciría y sería vencido. Y recomendaba que al día siguiente de la victoria debería iniciarse en España una política “generosísima”.

Una generosidad que Cambó no extiende a los dirigentes de la sublevación al asegurar en el Congreso de los Diputados que “la única pena efectiva es la pena de muerte”. En privado sostenía que la rebelión “No fou més que una gran criaturada…”.

Una reforma con nombres apellidos: Isidro Fainé

La Caixa es mucha Caixa. Se la ha situado junto al Barça, algo más que un club, como algo más que una Caja. Isidro Fainé, desde la presidencia de la Fundación, pero sobre todo debido a su auctoritas personal, se encontraba en una posición sumamente incómoda, entre la Generalitat y el Gobierno de Madrid.

La primera recelaba de él y en petit comité se le criticaba duramente. Pero también despertaba reticencias en el gobierno español donde algunos calentaban las orejas de Rajoy alegando que el catalán no tomaba una decisión fuerte de denuncia. Finalmente fue más lejos de la denuncia adoptando la iniciativa que ha marcado un antes y un después.

Según nuestras noticias, Isidro Fainé se entrevistó con el Rey y con el presidente del Gobierno y exigió a éste, con el apoyo explícito y entusiasta de aquél, que no le diera más vueltas a la cuestión, que había llegado el momento de actuar en el terreno más decisivo, el de las cosas de comer. Y exigió que el presidente, en el primer Consejo de Ministros, cambiara la legislación de forma que La Caixa y Caixabank pudieran trasladar su sede sin necesidad de la aprobación de la Junta General de Accionistas. Valdría la decisión del Consejo de Administración, que lo decidió en un fin de semana.
Fainé había votado con los pies como hacen las empresas: marchándose hacia territorios más amistosos.

               

La gran diferencia con el 34 es que Carles Puigdemont ha tenido en cuenta la opinión de Isidro Fainé mientras que Lluís Companys despreció la de Francesc Cambó, importante empresario, dos veces ministro de Alfonso XIII e inspirador con su Lliga del catalanismo pactista. Cuando Cambó le hizo notar al president que la independencia de Cataluña sería fatal para la peseta éste le replicó: “Yo me cago en la peseta”. La retórica es la retórica pero es muy dudoso que el Govern y Junts pel Si se caguen en el euro restaurando la peseta, que sería el desiderátum de la CUP, aunque sea una palabra catalana que les  ahorraría el trabajo de inventarse otra moneda.