Nº 1691 lunes 12 de junio de 2017
DESTACADO

Quedan muchos misterios por desvelar

Ana Botín, desde el Banco Español de Crédito hacia el ‘Banco Español Único’

Resulta curioso y aleccionador que esta mujer, que fue despedida del Banco Santander Central Hispano, donde
ocupaba el cargo de consejera directora general, por una entrevista publicada en el dominical de El País el 21 de
febrero de 1999 que, según el consejero delegado y vicepresidente primero de la entidad, Ángel Corcóstegui, hacia
peligrar el equilibrio de la fusión, es ahora como presidenta del banco que se sigue llamando Santander y no BSCH, la
pionera en la nueva era de las fusiones.

■ N. L.

Su abuelo, Emilio Botín Sanz de Sautuola y López, presidió un banco de provincias que ocupaba el último puesto de los Siete Grandes, justo detrás del Popular; su padre, Emilio Botín Sanz de Sautuola García de los Ríos, alcanzó la cima tras comerse a los tres bancos que en distintos momentos encabezaron el ranking: el Central, el Hispano y el  Español de Crédito (Banesto).
El Hispano Americano se casa con el Central en diciembre de 1991 y en enero de 1999 se fusionan con el Santander. En abril de 1994 este último había obtenido la adjudicación  del Banesto en una subasta que pierde el Bilbao Vizcaya (BBV). Los cuatro bancos que introdujeron en España los cajeros y tarjetas 4B  –Banesto, Central, Hispano y Santander– están ahora en este último.
Nadie dudaba sobre quién mandaba en la fusión, pues en realidad las fusiones no existen. Sólo sirven para endulzar la píldora de los absorbidos. El Santander contaba con todos los derechos del mundo para imponer su nombre, pues tanto el Hispano como el Central estaban hechos una pena. Un banquero vasco había calificado la unión de los dos últimos, en conversaciones con José García Abad, como “la boda entre un sifilítico y una sidótica”.

Muchos misterios por desentrañar

Desaparecida la galaxia de los siete grandes que se reunían a almorzar una vez al mes bajo la discreta coordinación de  Rafael Termes,  presidente de la Asociación Española de la Banca Privada (AEB)  y consejero delegado del Popular, la patronal del sector dejó de ser el lobby bancario, que se transfirió a una sola persona: Emilio Botín Sanz de Sautuola García de los Ríos.   

La primacía en el ranking era fundamental en aquellos tiempos. Ahora nadie se la disputa a Ana Botín, por lo que no cabe pensar que sea éste el propósito que la haya movido a quedarse con el Banco Popular. Hay todavía mucho misterio en torno a este proceso que ha terminado con un fusilamiento al amanecer decidido en Bruselas del sexto banco del país, del que fuera en tiempos de Luis Valls Taberner el banco más rentable del mundo. Un banco no quiebra de la noche a la mañana y el Banco de España debería explicar si no había otra posibilidad menos cruenta, pues la mera falta de liquidez, con ser importante,  no lo explica suficientemente. También se echa en falta el conocimiento de los motivos profundos de Ana Botín y de  las conversaciones que probablemente ha habido entre ésta y el ministro de Economía, Luis de Guindos, y entre éste y otros banqueros. Y, por ejemplo, falta por saber si la fulminante decisión ha tratado de evitar la compra del Popular por un banco transpirenaico.

Sobran bancos

Sobran bancos en España y en Europa y el destino está trazado: fusión o muerte. La banca se encuentra en un marco nuevo originado por el creciente control europeo por medio, entre otros organismos, del EBA, siglas en inglés de la Autoridad Bancaria Europea; del MUS, que además de un castizo juego de cartas son las siglas, también en inglés,  del Mecanismo de Supervisión del Banco Central Europeo y del MUR (Mecanismo único de Resolución), presidido por Elke Kóning, que como su propio nombre, el del MUR no el de Elke, con el eufemismo de la “resolución” resuelve el problema cerrando la entidad en cuestión.

Tanto el presidente de la EBA, Andrea Enría, como la presidenta del MUS, Danièle Nouy, entienden que hay en Europa más bancos de los necesarios y optan por la desaparición de entidades inviables. Martillean con el mensaje de boda o muerte; con que los pequeños y medianos se casen si no quieren morir en el intento y parten de que no basta con ampliar capital, como había hecho el Popular desesperadamente.
Lo importante para los mandatarios financieros europeos no es tanto que el banco esté muy capitalizado como que sea realmente rentable. Por supuesto, se exige del banco absorbente del enfermo que goce de buena salud. Y prefieren que la boda sea “interregional”, o sea, saltando las fronteras entre los países de la Unión, pero no es precisamente lo que pretende Luis de Guindos, ni, en general, ninguno de los gobiernos de la Unión.

La paradoja de Ana Botín
En esta tesitura, Ana Botín ha asumido la ambición pero también la carga y el riesgo, en definitiva, la responsabilidad de liderar la nueva era bancaria. Resulta curioso y aleccionador que esta mujer, que fue despedida del Banco Santander Central Hispano, donde ocupaba el cargo de consejera directora general, por una entrevista publicada en el dominical de El País el 21 de febrero  de 1999 que, según el consejero delegado y vicepresidente primero de la entidad, Ángel Corcóstegui, hacía peligrar el equilibrio de la fusión, sea ahora, como presidenta del banco que se sigue llamando Santander y no BSCH, la pionera en la nueva era de las fusiones.

Ángel Corcóstegui salió estupendamente parado del fin del equilibrio de la fusión con la mayor indemnización que vieron los siglos: 106 millones de euros, más del doble de lo que percibiría el copresidente de la entidad, José María Amusátegui, que se llevó 43,5 millones de finiquito.

Ana Botín es tan ambiciosa como su padre. Sin ambición no se llega tan alto. Cuando toma el mando en septiembre de 2014, “tenía dos opciones –explica Ana Samboal en su reciente libro: Ana Botín, nacida para triunfar– Podría haber hecho una gran compra financiada con una ampliación de capital. Hubiera sido una operación de carácter ofensivo, como las que practicaba su padre. Ofertas a bajo precio había. Cuestión bien distinta es que fuera conveniente embarcarse en un proceso de tal envergadura. La alternativa era una ampliación de capital, pedir al mercado que aportara dinero al Santander”.

Al final ha tenido que aunar ambas actitudes resolviendo el dilema por elevación. Es muy probable que la haya convencido Luis de Guindos, tras rechazar su primera idea de utilizar a Bankia en la operación. Pero también ha podido contar el deseo de Botín de convertir lo que era el banco español más grande en el banco mayor dentro de España, donde el Santander no alcanza más del 15 por ciento de su cifra de negocios. Una posición que hasta el momento ostentaba Caixabank.

El Santander ha engordado, lo que no siempre es lo más sano. Desde la caída de Lehman Brothers ya no funciona el paradigma de “demasiado grande para caer”. A Ana Botín, que une a su ambición la prudencia, no se le oculta este peligro.

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