Nº 1684 lunes 24 de abril de 2017
DESTACADO

Las informaciones de El Siglo pudieron impedir la designación de Rato como delfín de Aznar

¿De verdad sorprenden las revelaciones sobre los delitos de Rato?

Señalábamos, entre otros detalles de interés, los vasos comunicantes entre las empresas de la familia Rato y los beneficios que este obtuvo de sus altos cargos, tanto de las empresas que el gobierno de Aznar privatizó como de la obsequiosidad de los bancos y otras empresas privadas.


■ N. L.

El diario El Mundo nos proporciona casi a diario, vía judicial, muestras de la desvergüenza de Rodrigo Rato, de su descaro para rentabilizar al máximo sus altos puestos en el Estado, en el FMI y en Bankia.  Rato optimizó sus rentas de posición con astucia y sin complejos, quizás en el convencimiento de que a él, en su infinita inteligencia, no se le podían aplicar las leyes que nos afectan a los pringados del vulgo.

Las últimas informaciones que los periodistas Marisa Recuero y Carlos Segovia extraen del sumario judicial se refieren a la comisión por el investigado de graves delitos pero también a aspectos deleznables de categoría cutre impropias de un señor de tan extremada soberbia. Muestran a Rodrigo Rato insaciable en su ansiedad recaudatoria cuyos dineros no iban destinados precisamente al Tesoro Público que debía proteger.

Cuando Rato se negó a estrechar la mano de Ramallo

Nos están contando Recuero y Segovia sus desmanes en el blanqueo de dinero; de cómo imponía desde su ministerio que determinadas entidades contrataran con las empresas de la familia o de cómo reforzó la opacidad de las sociedades que creó para sacar dinero de las privatizadas tras el caso Gescartera.

Quizás recuerden ustedes la imagen de Rodrigo Rato evitando ostensiblemente recoger la mano que le tendía Luis Ramallo, a la sazón vicepresidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, el organismo que investigó el escándalo, en la toma de posesión de Blas Calzada como presidente de la CNMV en sustitución de Pilar Valiente

El BBVA, único banco que contrató con las empresas Rato

Era le época en que José García Abad, a la sazón director de la revista, titulaba así su sección “Sin Maldad”: “GESCARTERA ENTRA EN LA FASE HSBC”. El banco con escaso compromiso ético que fue tan generoso financiando a las empresas familiares de Rato.

No por casualidad el único banco que aparece contratando con las empresas de los Rato es el BBVA, la única entidad de la lista que no fue privatizada como las demás, sino pasada al control de Rodrigo Rato por medio de Francisco González (FG). El mago económico de Aznar pretendía que FG, a quien había hecho grandes favores, le guardara el sillón en el que él, Rato, pretendía sentarse. Su gran ambición era presidir un gran banco. No lo consiguió al aceptar la dirección ejecutiva del FMI y lo intentó a la desesperada cuando fue defenestrado por Luis de Guindos de la presidencia de Bankia.

No pudieron silenciarnos

No debería sorprendernos el fondo de lo que estamos sabiendo estos días aunque, naturalmente, ningún delito puede tacharse como tal hasta que sea juzgado por los tribunales de Justicia. En realidad uno constata que nos habíamos quedado cortos quienes informamos de ello jugándonos, justamente, la condena de los juzgados. 

Nuestra revista El Siglo proporcionó entonces nutrida información, por lo general elevada a la categoría de portada: “EMPRESAS RATO”; “RATO S.A.”, “RATO LASTRADO POR LOS FAVORES”, “LA MISTERIOSA FUNDACIÓN DE LOS RATO” “RATO TIENE EL TECHO DE CRISTAL”, “TOCADO”, entre otras.

Señalábamos, entre otros detalles inquietantes, el mecanismo de vasos comunicantes entre las empresas de la familia Rato y la actuación de Don Rodrigo; de los beneficios que este hombre obtuvo de sus altos cargos, tanto de las empresas que el gobierno de Aznar privatizó como de la obsequiosidad de los bancos y otras empresas privadas. Estas últimas atenciones fueron recibidas incluso después de la caída del personaje tras el desastre de Bankia. De bien nacidos es ser agradecidos.

Es muy probable que las revelaciones de El Siglo de que su hermano Ramón, “Moncho” para sus amigos, ocupado de la gestión directa de los negocios familiares  y personas del entorno político de Rodrigo, intentaron parar a toda costa, pudieron contribuir a que José María Aznar no le nombrara delfín a pesar de las innegables competencias técnicas de aquél y los servicios prestados al PP a lo largo de la historia de ambos.

Las cosas están cambiando

Lo decimos con la mayor humildad pero es de justicia recordarlo. No pretendemos que El Siglo influyera en los gobiernos, ni nos tienta dar lecciones a los políticos, pero a veces, con escasa frecuencia lamentablemente, las revelaciones de la prensa provocan la reacción de los Gobiernos. Creemos que ocurrió esto en lo que se refiere a la carrera que se produjo en el delfinario para suceder a José María Aznar. Como sucedió cuando El Siglo anticipó el comportamiento delictivo de Iñaki Urdangarin, que después llegó a los juzgados y fue condenado.

En el caso de la decisión de Aznar, nuestro convencimiento parte del hecho de que tanto las aludidas presiones ejercidas por parte de la familia como las del entorno político del vicepresidente se conformaban con que aplazáramos la publicación de nuestras revelaciones hasta que Aznar tomara una decisión respecto a quien sería el candidato del Partido Popular. La revista no cedió ante estas presiones, como no lo hizo cuando el propio rey Don Juan Carlos intentó silenciarnos sobre su yerno valiéndose de amigos comunes del PSOE.

No faltaban entonces datos ni malos olores para excitar el celo de la Justicia y una actuación enérgica de la oposición, especialmente del PSOE, pero ni la Justicia ni el Partido Socialista entraron a fondo en el asunto.

Uno debe felicitarse al contemplar cómo han cambiado las cosas últimamente; cuando vemos a Rato en los juzgados, Urdangarin condenado, y Mariano Rajoy citado como testigo en el caso Gürtel; y cuando el Congreso de los Diputados está a punto de abrir una comisión de investigación sobre quien ocupara tan altas responsabilidades en el Gobierno de José María Aznar.

 

 

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