Nº 1836 lunes 27 de julio de 2020


DESTACADO



Acuerdo entre cigarras y hormigas para repartir un maná de 750.000 millones de euros,
390.000 a fondo perdido


Europa navega a todo trapo soplada por el coronavirus

 


NL

Esta vez las cifras del fondo dedicado por la Unión Europea a superar la crisis económica provocada por la pandemia cuentan y cantan con alegría y rigor, lo que no es frecuente ni en política ni en economía donde rige el principio que nos filtraba un directivo empresarial: “Hay que torturar las cifras hasta que canten la copla que queremos”.
La cifra principal es 750.000 millones de euros para repartir entre los 27 socios de la Unión entre 2020 y 2023.  390.000 en subvenciones a fondo perdido y 360.000 como préstamos. (Véase amplia información en este número de El Nuevo Lunes, “Acuerdo europeo: Sánchez amarra una inyección económica sin precedentes”, pág. 8).

Pedro Sánchez resumió el pasado miércoles en el Parlamento las que calificó como “extenuantes” sesiones de Bruselas concluidas en la madrugada del martes como “un 95 por ciento favorables a España” lo que, por una vez no fue negado por su opositor Pablo Casado quien proclamó en la sesión de control del Gobierno: “Europa ha cumplido con España, ahora toca a España cumplir con Europa”.

No es que Casado atribuyera mérito alguno en estas negociaciones al presidente, pero ha aprendido de su gran error, cuando vino a ponerse de parte de los gobernantes europeos críticos con España que afeaban a Sánchez que no redujera el déficit presupuestario a pesar del fuerte crecimiento que observaba la economía española.

Una crítica que mostraba en el dirigente ‘popular’ algo peor que un déficit patriótico, una torpeza política que repetía el error cometido por José María Aznar que le costó a éste un varapalo en el debate televisivo con Felipe González previo a las elecciones de 1993, cuando aquél, entonces en la oposición, acusó al presidente González de “pedigüeño” por la solicitud de más fondos de cohesión de la Unión Europea.

Casado ha aprendido la mayor y no lleva el rigor opositor a negar la evidencia de unas cifras que serán básicas para que la economía española recupere el pulso. Ni siquiera ha hecho sangre del fracaso de Sánchez en colocar a Nadia Calviño al frente del Eurogrupo.

En la lucha entre la bolsa y la vida ganó ésta
Nunca la Comisión Europea ha aportado tanto, en créditos y en subvenciones a fondo perdido; un cantidad calificada de “histórica”. No podía ser de otra forma pues nunca, en toda la vida de la Unión, habíamos sufrido una catástrofe semejante. Es natural que en la lucha entre la bolsa y la vida haya predominado el instinto de conservación.
Lo que quisiéramos destacar es que el coronavirus representaba una prueba también “histórica” para la propia Unión Europea, sobre si se mantenía el proyecto de seguir caminando hacia una mayor integración o si, por el contrario, se consumaba la disgregación como efecto de las tendencias nacionalistas que se vienen observando.
Resulta reconfortante que en este caso los países ‘frugales’, o ‘tacaños’, como los Países Bajos, Suecia, Austria y Dinamarca, hayan aceptado lo principal conformándose con exigir precauciones en el uso de los fondos y reformas en Francia, Italia y España. La actitud responsable de Angela Merkel, que inicia ahora su presidencia semestral, que no puede ser tachada de pedigüeña, en favor de la solidaridad interna y en definitiva del propósito de mantener la ruta hacia una mayor integración, ha sido definitiva.
En esta ocasión el frente de los países con gobiernos populistas, mayormente los del Este, que no han dicho ni pío ante una lluvia de euros que también caerá sobre ellos. Nos esperarán en la vuelta de la esquina, pero de momento la nave europea va, como diría Fellini. De crisis en crisis, como acostumbra, pero va.

La pandemia ha fortalecido el paneuropeísmo

El Covid-19 ha hecho avanzar el proyecto europeo, ha extendido la convicción de que sólo una Europa unida puede abordar la solución de estas catástrofes. Pedro Sánchez se mueve en la Unión como pez en el agua, donde ha ejercido cierto protagonismo al proponer cantidades ingentes, un divino maná, para la recuperación económica del continente.

Su propuesta inicial de que la Comisión creara un gran fondo de cuantía sin precedentes para la recuperación económica de la zona, una parte como subvención a fondo perdido, se ha quedado en la mitad, pero él era consciente de que en todo acuerdo solvente hay cesiones por todas las partes.

Este fondo –tal como propuso Sánchez– se aplicará principalmente a la transición ecológica, a la transición digital, a la mejora de la autonomía industrial y tecnológica de la Unión Europea con especial atención a los sectores que más están sufriendo: el transporte y el turismo.

El divino maná se repartiría entre los distintos miembros de la Unión, atendiendo al impacto humano, social y económico de la pandemia. O sea, beneficiando a los países más afectados entre los que destacan Italia y España. “No podemos limitarnos –sentenció Sánchez en Bruselas– a apagar el incendio. Se trata de reconstruir la casa para acoger a todos y a todas”.

En vísperas del Covid-19 había caído en España el fervor europeísta que ahora, a la vista de que la solución viene del euro, se ha convertido en el lema de aceptación total, más allá de las discrepancias políticas.

Del Rey abajo

Felipe VI, que sólo puede permitirse afirmaciones de común aceptación, lo proclamó solemnemente en la cumbre de grandes empresarios organizada por Antonio Garamendi, el presidente de la CEOE. El monarca pidió “una respuesta con visión europea”, que en su opinión  podría plasmarse con la mejora del mercado único” y, sobre todo, con la “necesidad de acelerar la unión bancaria” y con la “elaboración de políticas europeas que persigan el fortalecimiento industrial”.

Volver