Nº 1832 lunes 29 de junio de 2020


DESTACADO



Mientras Felipe VI cantaba la armonía universal en la CEOE, Hernández de Cos se materializaba en el Parlamento como avispa del paraíso

Cuando el denostado Estado se hace cargo de todos


NL

Parece como si el Covid-19 hubiera conseguido la armonía universal, el paraíso en la tierra. Ha consolidado el pacto social liquidando lo poco que quedaba de la lucha de clases. Da la impresión de que se ha restaurado el sindicato vertical del franquismo, que integraba en el mismo edificio, el que ahora ocupa el Ministerio de Sanidad, a empresarios y trabajadores, a los que se designaba como “productores”.

Los trabajadores han conseguido con el Covid-19 la prohibición del despido y los empresarios que el Estado se haga cargo de pagar las nóminas. Así como de darles prestamos baratos avalados por el Instituto de Crédito Oficial (ICO), que es mejor que si Unidas Podemos hubiera conseguido la banca pública juntando el ICO con Bankia. Y todo ello a cuenta de la Comisión Europea.

La pasada semana fue una semana grande protagonizada, el martes, por el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos en comparecencia parlamentaria, y el miércoles por el Rey. Dos personajes independientes y respetados con papeles muy diferenciados. El Rey debe atenerse a la neutralidad que le exige la Constitución mientras que el gobernador tiene que atenerse a la más estricta independencia que no es lo mismo que la neutralidad representando el papel de Pepito Grillo. Felipe VI estaba para dar ánimos mientras el gobernador tenía que atenerse a la dura realidad haciendo advertencias pertinentes, por ejemplo a la banca, y algunas críticas, por ejemplo al Gobierno y a los partidos políticos. Sostenía Cos que el dinero público, y especialmente el de los ERTE  no se puede dar a cualquiera. Vimos al gobernador  transformarse, al modo de la metamorfosis kafkiana, en una avispa infiltrada en el paraíso.

Todos keynesianos

Felipe VI clausuró la cumbre empresarial que organizó el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi. Una reunión de grandes empresarios que pusieron en manos del Estado sus empresas, salvo la propiedad de las mismas. Por el bien de todos. Como escribía el pasado domingo Joaquín Estefanía, en ‘El País’ del 21 de junio, se han vuelto todos “keynesianos con esteroides”. La reivindicación que obtuvo más voces fue la prórroga de los ERTE, que acababan esta semana, y que los reunidos pedían que “por lo menos” se prolonguen hasta el final del año.

La presencia del Rey dio solemnidad a esta idílica realidad virtual y se mostró algo más concreto que en otras ocasiones en las que no se permitía salir de los lugares comunes como corresponde a las funciones constitucionales que juró. Quizás Don Felipe se malicie que en este espejismo de acuerdo sin fisuras lo único que parece estar en cuestión es su puesto de trabajo, la propia Monarquía, lo que parecía aconsejarle demostrar su utilidad con una mayor presencia pública. Fue, pues, más allá de su discurso habitual en el que resaltaba que es más lo que nos une que lo que nos separa.

El monarca, tras colmar de elogios a los empresarios y apoyar el acuerdo con los sindicatos, no sólo requirió la ayuda de toda Europa, incluidos por tanto, los países que el embajador de Francia en España había calificado de tacaños, sino que fue mas concreto al reclamar el fortalecimiento industrial, la mejora del mercado único y, sobre todo, que se acelere la unión bancaria.

"Hay que apostar –recomendó– por la exportación, la inversión extranjera y potenciar el I+D+i como motor de competitividad. Pero no olvidemos apostar profundamente por el capital humano, a través de la formación. Tanto por las competencias tecnológicas como por las habilidades humanas".

Advertencias del gobernador

Pablo Hernández de Cos señaló que hay que ayudar a los que se lo merezcan, lo que expresó en los siguientes términos: “Resultaría necesario restablecer paulatinamente los incentivos para que los recursos financieros se reasignen hacia aquellas empresas y sectores que pueden contribuir en mayor medida a la recuperación de la actividad y del empleo. Todo ello aconseja estudiar la posibilidad, en función de cómo evolucione la actividad económica, de extender los mecanismos de garantía pública, en cuyo rediseño debe primar el acceso a estos recursos de las empresas con perspectivas sólidas de viabilidad”. 

Dio un toque a la banca recordando a los banqueros que “la crisis tendrá un impacto significativo sobre la calidad de la cartera crediticia de las entidades” señalando que “afectará de forma diferenciada a las entidades en función de su modelo de negocio y de la distribución de sus exposiciones a los sectores y las geografías más afectados por la pandemia”.

Por todo ello, Hernández de Cos advirtió de que el Banco de España “seguirá ejerciendo una vigilancia estrecha para evitar los riesgos para la estabilidad financiera derivados de esta crisis, y estar dispuestos para dar una respuesta contundente, a escala europea, en caso de que éstos se materialicen”.

En el ámbito nacional, reclamaba al Gobierno que fuera más selecto reequilibrando algunas de las medidas ya aplicadas. “Así –concretó–, parece apropiado mantener algunos de los instrumentos de apoyo a las rentas de los hogares más vulnerables, si bien es fundamental que se mantenga su carácter focalizado, con un diseño que no distorsione las decisiones, por ejemplo, de participación laboral”. 

En su opinión, tendría sentido extender los ERTE en algunos sectores o empresas que seguirán muy afectados por las medidas de distanciamiento social. Y, que, en paralelo, “debe asegurarse el correcto funcionamiento de los diferentes mecanismos de flexibilidad disponibles para las empresas, cuyo papel es especialmente útil para permitir potenciales ajustes estructurales derivados de la crisis”. 

Apoya el gobernador nuevas medidas en varios ámbitos, como los relativos a las políticas activas de empleo y de formación para desempleados y trabajadores suspendidos temporalmente. Estas medidas tendrían como objetivo mantener su empleabilidad y facilitar su recolocación en aquellos sectores o empresas con mayor capacidad de crecimiento.

“Del mismo modo –sentenciaba–, resulta urgente revisar los procesos de reestructuración, insolvencia y alivio de la carga financiera de las empresas. Deben establecerse procedimientos administrativos ágiles y simplificados. Concretamente, las empresas deudoras con dificultades financieras deberían tener la capacidad de acceder a un marco preventivo que les permitiese continuar con su actividad empresarial cuando aún son viables”.

Finalmente, recomendaba añadir “un impulso fiscal en las primeras fases de la recuperación, que permita también apoyar la reestructuración de nuestro tejido productivo. Para ello, sería recomendable priorizar el uso del eventual fondo de recuperación europeo en determinadas inversiones que se contraen más en tiempos de incertidumbre y dificultades financieras. Éste es el caso de la inversión en capital tecnológico y en formación. También es el momento de agilizar los proyectos que contribuyan a la transición hacia una economía más sostenible. El tamaño de este fondo europeo debería ser proporcional a las necesidades de financiación del gasto público generadas por la pandemia, y su aprobación y ejecución deberían agilizarse”.

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