Nº 1822 lunes 20 de abril de 2020


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Las previsiones sirven justamente para que evitemos su cumplimiento

El FMI da fuerza a Sánchez para predicar el gran pacto

 

NL

Las previsiones del Fondo Monetario Internacional publicadas el pasado martes han dado fuerza al presidente Sánchez para pedir al Congreso de los Diputados en la sesión de control del Ejecutivo del pasado miércoles un acuerdo para un plan de reconstrucción social y económico, como ahora denomina a la idea de establecer un pacto que cumpliera el patriótico objetivo de los Pactos de la Moncloa de 1977: hacer frente a una emergencia nacional, en aquel caso para consolidar la transición democrática a la muerte del general Franco y ahora para hacer frente a una emergencia mundial.
Concretamente, el FMI dirigido por Kristalina Georgieva prevé una caída del 8% del PIB español este año, medio punto más que el conjunto de la zona euro, y estima una elevación de la tasa de desempleo en seis puntos, hasta alcanzar el 20,8%. Al tiempo que pronostica para 2021 una remontada del producto español del 4,3%.

Italia registraría una contracción del 9,1%; Francia, del 7,2%; y Alemania, del 7%. Cifras no vistas en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Las cifras proporcionadas por el FMI no han sido una sorpresa. Hace sólo un par de semanas el gran banco de inversión Goldman Sachs calculaba que la economía española sufriría este año una caída del 9,7% y que el déficit público ascenderá al 10%, unos 100.000 millones de euros. La deuda pública rozaría el 120% del PIB, que, en opinión del banco, bajaría en 2021 al 105%, diez puntos más que el actual.

Goldman se mostraba pesimista a corto respecto a España y Europa, pero esperanzador a largo. “Mirando más allá –nos consolaba piadosamente– esperamos una rápida normalización de la actividad en Alemania, Francia, Italia y España”. Los analistas del banco de inversión apuestan que en 2021 la economía española crecerá un 8,5%.

El futuro se hace al andar

Está bien atender a las previsiones, sobre todo cuando las realizan organismos prestigiosos, pero su cumplimiento no es obligatorio. No es una profecía, sino una opinión. De hecho, para bien y para mal, rara vez se confirman los pronósticos. Las previsiones sirven justamente para que evitemos su cumplimiento. Para eso está la voluntad y la acción del hombre.

Creemos que ha llegado el momento de reaccionar positiva e inteligentemente, o sea, con realismo y el mayor consenso posible para rehacernos lo antes posible de lo que ya no es una previsión, sino el hecho evidente de la caída de la producción y el incremento del número de parados, consecuencia del confinamiento, de la desaparición del turismo, nuestra principal industria, y del cierre gubernativo de multitud de empresas.

Dicen que las crisis pueden ofrecer grandes oportunidades. Hay una coincidencia general en que tras el control de la pandemia el mundo no volverá a ser como era. De nosotros depende que sea un mundo mejor, algo que no pueden detectar Goldman Sachs, las empresas de ‘rating’ y ni siquiera el Fondo Monetario Internacional.

El futuro dependerá de la voluntad humana que se crece en las dificultades, como hemos visto en nuestra historia reciente. La que surgió en España a partir de la Constitución de 1978 que pudo fraguarse gracias, entre otros factores, a unos pactos que se creían imposibles y que ahora nos inspiran y que exigen la mayoría de los españoles según la última consulta del CIS. Unos pactos que ahora hay que fraguarlos dentro de la Unión Europea y tarde o temprano a nivel planetario.

Necesitamos el consenso de los partidos, pero también la aportación de los referentes de la llamada sociedad civil y especialmente de los empresarios y de los representantes de los trabajadores. Las organizaciones empresariales tienen la gran oportunidad para realizar pactos históricos con los sindicatos, y concretamente la banca puede aprovechar la situación para mejorar la mala imagen que se ha ganado a pulso.