Nº 1818 lunes 23 de Marzo de 2020


DESTACADO



No es posible cifrar lo que es necesario, que Sánchez sitúa en 200.000 millones,

pero sí definir lo más necesario: mantener el empleo

Hay que hacer lo que se debe, aunque se deba lo que se hace


NL

Éste fue el mandato que formuló Escrivá de Balaguer para orientar la estrategia del Opus Dei, que pudiera aplicarse en estos momentos de tribulación a la navegación por la crisis del coronavirus. 

Una crisis ante la que el debate entre los economistas se divide entre los que la califican de grave, muy grave o gravísima. Mayormente entre quienes aseguran que será al menos como la financiera iniciada en 2008 con la quiebra de Lehman Brothers y los que aventuran que se parecerá a la de 1929.
Nos inclinamos a sostener que la cosa no será para tanto si hacemos lo que hay que hacer, cueste lo que cueste. Pedro Sánchez debería cruzar los dedos, y seguir el lema de Zapatero. “Cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste”. Que siga estas palabras, pero no los hechos de su correligionario, que trató de conjugar la crisis negando su existencia.

200.000 millones de euros y lo que sea necesario

El lema que resume la filosofía de Sánchez es hacer “lo que sea necesario, donde sea necesario y cuando sea necesario”. Pero ante una crisis tan imprevisible no es posible definir y cifrar lo que es necesario, que Sánchez sitúa en 200.000 millones de euros,  pero sí es posible definir qué entendemos por lo más necesario, que en nuestra opinión es mantener los niveles de empleo, un objetivo de justicia social pero también de pertinencia económica.

La mayor parte de la aportación dineraria procederá del Estado, pero también la banca, hoy más fuerte que la de 2008, que puede desempeñar un papel significativo. Tiene la oportunidad de lavarse la cara, de mejorar en alguna medida la mala imagen que hoy padece, que se ha ganado a pulso.

La historia señala a Sánchez

Todo está cambiando a velocidad vertiginosa. El gran sueño de Pedro Sánchez hasta hace unos días era pasar a la historia como el presidente que arregló el conflicto catalán. Ahora el sueño se ha vuelto obsoleto. La historia lo ha señalado con la oportunidad de manejar la mayor crisis sufrida por España desde la Guerra Civil. Del balance final dependerá su gloria o su desgracia.

Le ha tocado gestionar esta crisis como le tocó a Zapatero hacer frente a la suya, que se lo llevó por delante. Sánchez sabe algo útil aunque insuficiente: lo que no debe hacer. Debe aprender del fracaso de su antecesor y empeñarse a fondo en ganar credibilidad, un crédito que hasta ahora ha sido manifiestamente mejorable.

Puede conseguirlo porque, cuando la necesidad apremia, se beneficiará del sentido común ciudadano que obliga a las oposiciones políticas a darle su apoyo valorando la escasa propensión al suicidio de la ciudadanía.
Todos los grupos políticos expresaron el pasado miércoles, en el Pleno del Congreso de los Ciudadanos, con escasos matices diferenciadores, que reman con el Gobierno. Como lo están haciendo los presidentes de las comunidades autónomas, incluida la el País Vasco, al tiempo que el presidente de la catalana, se opone más verbal que realmente.

La prensa no le da ni la tregua de los 15 días

En general, la prensa, mayormente sesgada hacia la derecha con la excepción del grupo Prisa y poco más, le machaca inmisericordemente sin concederle ni el beneficio de la duda, o al menos la espera del final de la quincena de vigencia del Real Decreto por el Estado de Alarma.

Sánchez ha cometido errores evidentes, como la autorización de la marcha feminista del 8 de Marzo o el mitin de Vox en Vista Alegre. Más discutible nos parece la acusación de actuar tarde. Probablemente si lo hubiera hecho más deprisa lo acusarían de improvisar, de actuar como un pollo descabezado. Nos recuerda lo que decía el presidente Lyndon B. Johnson: “Incluso si me vieran caminar sobre las aguas dirían: Este tío ni siquiera sabe nadar” . (citamos de memoria).

Parece razonable que esperemos por lo menos hasta que se cumplan los quince días de vigencia del Real Decreto. Aunque, en eso sí hay una amplia coincidencia en que se necesitarán más días, quizás muchos mas días, para que vislumbremos la vuelta a la normalidad. O mejor dicho, cómo será esa ‘normalidad’; cómo será el poscoronavirus pues, como ocurrió tras la de Lehman Brothers, que  muchas cosas no volvieron a ser como eran antes de 2008, habrá que ver cómo queda este país tras la pandemia universal.

... y todo El Nuevo Lunes en www.elnuevolunes.es

volver