Nº 1779 lunes 13 de Mayo de 2019


DESTACADO


Hernández de Cos se ve obligado a mirar para otro lado

 

La banca se mueve en un universo surrealista


NL

La banca vive momentos surrealistas. Para evitar males mayores, el Banco de España se ha visto obligado a aflojar a las entidades financieras exigencias relacionadas con la seguridad en términos de provisiones, entre otros molestos requisitos.

Procede al contrario que la autoridad financiera en tiempos de Luis de Guindos en el Ministerio de Economía y de Miguel Ángel Fernández Ordóñez y Luis de Linde en el gobierno del  Banco de España. Entonces los bancos se quejaron de que las nuevas exigencias de las normas denominadas ‘Guindos 1’  y ‘Guindos 2’ les habían puesto al borde del abismo y, a algunos, como a Bankia y al Popular, en el abismo mismo, según esgrimieron, justificándose,  sus dirigentes.

Ahora, el Banco de España, en su Informe de Estabilidad Financiera de primavera hecho público el pasado martes, hace un reconocimiento turbador: que la banca ofrece más beneficios gracias a la laxitud de sus exigencias.

Esta homilía primaveral analiza los resultados netos consolidados de los bancos, que en 2018 ganaron 19.438 millones, un 24,8% más que el año anterior. Un fuerte incremento “atribuible en gran medida a la mayor contribución positiva de resultados extraordinarios y a la disminución de las provisiones por deterioro de activos”.

“Lo que –señala más adelante– en principio mejora la capacidad de resistencia de los bancos españoles frente a shocks futuros”. Pero, remacha, si no hubiera sido por la caída en unos 3.000 millones, un 16% más, de las provisiones y la variación positiva de la contribución de operaciones extraordinarias,  no se habría impulsado la rentabilidad, ya que "los márgenes están estancados".

Pérdida de reputación

Por otra parte, el Banco de España destaca como un riesgo importante la lluvia de demandas judiciales que está sufriendo la banca, un indicador –lo decimos nosotros– de su mal comportamiento pasado que contribuye a la baja de la reputación del sector.

Asegura el Banco de España que "las entidades de depósito españolas, con distinta intensidad, afrontan un riesgo legal derivado del potencial incremento de las demandas judiciales contra ellas”. Las entidades han estado involucradas en un número elevado de procesos judiciales, en los que se cuestionaban ciertas condiciones contractuales en sus operaciones hipotecarias.

El coste de estos procesos es, en su opinión, elevado. Por ejemplo, en las cláusulas suelo, son más de 2.200 millones los devueltos a los clientes hasta enero de 2019, pero existen todavía procedimientos judiciales muy relevantes pendientes de resolución.

Recuerda el Banco que cuando, próximamente, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) se pronuncie sobre el índice de referencia de los préstamos hipotecarios “podría producirse un aumento de las demandas judiciales contra los bancos españoles con impacto en aquellas entidades con mayor volumen de préstamos hipotecarios indiciados al IRPH, lo que exige de estas entidades una apropiada medición del posible impacto contingente y medidas de gestión y prevención adecuadas".

Y reitera su preocupación sobre la pérdida de reputación para el sector advirtiendo de que “las entidades deben esforzarse en revertir proporcionando a sus clientes los productos financieros adecuados a sus necesidades y capacidades, así como suministrando la información relevante de manera clara y transparente. La reputación y la confianza de los clientes es un elemento esencial para desarrollar el negocio bancario".

¿La solución está en las fusiones?

Un mes antes, en la presentación de la Memoria de Supervisión Bancaria, el gobernador Hernández de Cos indicó que, aunque el sector ha mejorado últimamente, sigue sufriendo demasiados activos improductivos, escasez de capital y baja rentabilidad. Es, pues, un sector que debe mantenerse en vigilancia intensiva, como ha estado desde que se inició la crisis financiera hace una década.

Da la impresión de que la banca está en la antesala de una reconversión que debería pasar por la vicaría. No unas fusiones que, como hay ejemplos en el pasado, no sirvieron para sanear a la entidad absorbida, sino para enmascarar sus achaques.

Como indica la subgobernadora, Margarita Delgado, “en el actual contexto de bajos tipos de interés en el que muchos bancos están operando con rentabilidades por debajo de su coste de capital y con estructuras de costes muy pesadas, las fusiones son una alternativa clara para mejorar la rentabilidad y ganar en eficacia”.

Delgado apoya su recomendación matrimonial con más argumentos: “Estas operaciones –añade– vienen acompañadas de procesos de racionalización de las estructuras. Además permiten alcanzar cuotas de mercado y presencia geográfica difíciles de lograr de forma orgánica, dada la elevada competencia en el sistema”. Y matiza su presión celestinesca asegurando que “es necesario encontrar el balance adecuado para evitar problemas de concentración”.

La banca española –diagnosticaba Hernández de Cos en la citada carta de presentación de la Memoria de Supervisión Bancaria en el pasado abril–, tras un intenso proceso de saneamiento, recapitalización y reestructuración, ha mejorado notablemente la calidad de sus activos, su rentabilidad y su solvencia. Los activos dudosos y los inmuebles adjudicados se han reducido desde sus máximos en 2013 y en 2012, respectivamente, pero su nivel sigue siendo elevado, por encima del registrado antes de la crisis”.

Reconocía el gobernador que las entidades españolas han incrementado su capital, pero advertía de que se encuentra a la cola de los sistemas de la Eurozona y reiteraba “la necesidad de reforzar la reputación del sector evitando conductas inapropiadas y competir en un nuevo entorno caracterizado por los avances tecnológicos y la aparición de nuevos actores”.


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