Nº 1775 lunes 15 de Abril de 2019


DESTACADO


Luis de Guindos y Fernández Ordoñez se lanzaron ladrillos
tratando de escurrir el bulto con testimonios sesgados

Los testimonios de Delgado y Casaus, inspectores del Banco de España, más fiables que los del gobernador y el ministro

 

NL

El proceso de la salida de Bankia a Bolsa arrancó la pasada semana en la Audencia Nacional con la declaración de José Antonio Delgado, el lunes, y José Antonio Casaus, el martes, los inspectores que llevaron el peso principal de la investigación de Bankia. Son éstos los testimonios más fiables que hemos escuchado en esta causa que se instruye en la Audiencia Nacional sobre la salida a Bolsa de la entidad que entonces dirigía Rodrigo Rato.

No hay que dar mucho crédito a las declaraciones, más bien panfletos, emitidas por los responsables políticos que se lanzaron como ladrillos el entonces ministro de Economía, Luis de Guindos, contra el gobernador del Banco de España, a la sazón Miguel Ángel Fernández Ordóñez, también conocido por MAFO.

Ninguno de ellos convenció con sus respectivos testimonios de finales del pasado mes de marzo: Fernández Ordóñez lamentando que no pudo actuar como un verdadero gobernador al ser suplantado por el ministro Guindos, que no respetó la independencia del Banco de España. Lanzó MAFO las culpas contra el ministro y contra los gestores de Bankia. Guindos se quitó el muerto de encima lamentando la actuación del gobernador y amparándose en que cumplió las instrucciones del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Delgado y Casaus fueron demoledores

Los inspectores Delgado y Casaus, que trataron de dejar bien a la institución, tiraron por los suelos a los directivos de la misma que primero les pidieron que vieran las cuentas de Bankia de color rosado y luego, cuando no había forma de ocultar el desastre, los directivos, que temieron por su pellejo, les ordenaron que extremaran el rigor.  

Ambos funcionarios coincidieron, con expresiones contundentes, en pintar el cuadro tenebroso de unos errores y falsedades que nos ha costado a los españoles 22.000 millones de euros. Ellos habían diagnosticado y comunicado al gobernador que BFA/Bankia no tenía arreglo; que la salida a Bolsa era un despropósito y que los dirigentes de la entidad se repartían abultados bonus mientras Bankia estaba en caída libre.

Fue como maquillar a un muerto

Delgado explicó que antes de la Oferta Pública de Suscripción (OPS) ya se apreciaba un volumen de activos contabilizados de forma normal, cifrando en unos  20.000 millones la morosidad encubierta en las cuentas de 2011. Calificó el inspector la fusión de las siete cajas de Bankia y la salida a Bolsa de “maquillaje de un muerto".

En la misma línea, Casaus remachó que había alertado del estado real de BFA-Bankia en abril de 2011, tres meses antes de su salida a Bolsa. "Vimos –explicó– lo que vimos con la primera foto trimestral de 2011. Antes sólo conocíamos la mitad del grupo [Caja Madrid]. En diciembre de 2010 el problema era la rentabilidad, en el primer trimestre nos dimos cuenta de que elgrupo no tenía viabilidad, que era un banco en caída libre". Y sentenció:  “Eso fue una imprudencia. Fue un proceso acelerado, forzado y con riesgo operacional".

Casaus relató que el jefe de grupo, Pedro González, les pidió a los inspectores "optimismo" en sus informes a mediados de 2011 hasta que hubo un cambio "curioso" a finales de ese año: "Se mueven las cosas por arriba y nos dicen que hay que pintar la situación, cargar más las tintas, para que la crisis no nos cogiera con el pie cambiado".

El testigo expresó su indignación contra Rato y otros directivos de Bankia  que intentaron repartir entre la plantilla 150 millones de euros. “Fue la primera vez –confesó– que vi  un indicio de delito”

El mayor escándalo financiero de España y uno de los mayores del mundo

El ‘caso Bankia’ y su nacionalización el 9 de mayo de 2012 se ha convertido en uno de esos fenómenos que dibujan un antes y un después de la historia financiera; en el mayor escándalo que vieron los tiempos, que ha reducido a la dimensión de pecadillos, de anécdotas sin importancia, a los Rumasas y demás catástrofes financieras del pasado. Un inmenso agujero negro de ignota profundidad que todavía hoy sólo permite groseras aproximaciones. Una catástrofe de la que penosa y lentamente vamos descubriendo aspectos que la Justicia trata de delimitar y asignar los distintos tantos de culpa.

Bankia se ha constituido por derecho propio en referencia universal al pasar una factura al contribuyente de más de 22.000 millones de euros, la mitad del rescate bancario. Queda en la memoria pública y en el bolsillo de los estafados que Rodrigo Rato daba unos beneficios de 41 millones de euros que resultaron unas pérdidas de 3.318 millones.

Los periódicos y televisiones de todo el mundo abrieron sus primeras páginas y sus telediarios con Bankia, una palabra que se leyó como sinónimo de la falsedad española, un término que hizo temer que este país no es fiable. El desaguisado fue terrible, pero la imagen de España se deterioró más de lo justo. Como si no hubieran estallado grandes escándalos en otros parajes.

Un personaje soberbio y caradura

Rodrigo Rato, en prisión desde mediados de octubre para cumplir una condena de cuatro años y medio por el caso de las tarjetas ‘black’, sostuvo ante el tribunal que le juzga por la estafa que representó la salida a Bolsa que no le defenestraron de Bankia por las minucias que están saliendo a la luz, sino por razones políticas. Atribuye su desgracia a una conspiración política dirigida por el entonces ministro Luis de Guindos, a quien Rato había colocado cuando era vicepresidente segundo y ministro de Economía de número dos como secretario de Estado de Economía.

Según Rodrigo Rato, Luis de Guindos –siempre sin nombrarlo– se valdría para hundirle la exigencia que le hiciera de unas provisiones excesivas e imposibles para Bankia, la entidad que Rodrigo Rato liderara sobre los escombros de Caja Madrid, Bancaja y compañía. Muy mala compañía

Insistió Rato en que todo lo que hizo estuvo supervisado por el Banco de España, y que éste reconocía entonces que su situación era «similar, e incluso mejor, que la de nuestros pares en el sector», a la vez que el valor de las acciones de Bankia evolucionaba «como las de los demás bancos». «No teníamos problemas de liquidez ni de retirada de depósitos, porque eso llegó luego con la intervención”, añadió el procesado. Cínicas disculpas de mal pagador.

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