Nº 1766 lunes 11 de Febrero de 2019


DESTACADO


Según el exvicepresidente del Gobierno, conspiraron para echarlo de Bankia Luis de Guindos, Botín, FG y Fainé

 

Rato se defiende denunciando
una conjura política contra él

 


NL

Rodrigo Rato, en prisión desde mediados de octubre para cumplir una condena de cuatro años y medio por el caso de las tarjetas ‘black’, sostuvo el pasado lunes ante el tribunal que lo juzga por corrupción y mala gestión que no lo defenestraron de Bankia por esas minucias, sino por razones políticas. Atribuye su desgracia a una conspiración política dirigida por el entonces ministro Luis de Guindos, a quien Rato había colocado cuando era vicepresidente segundo y ministro de Economía de ‘número dos’ como secretario de Estado de Economía.

Lo acusa sin nombrarlo, valiéndose de eufemismos como: «Hay una petición política de quien controla al FROB y era nuestro jefe”, etc.  Según Rato, “nuestro jefe” contó con la complicidad de los presidentes de los bancos de la competencia, quienes, por cierto, le habían proporcionado generosa acogida cuando abandonó sus responsabilidades políticas.

Su estrategia fundamental se basa justamente en presentarse como un perseguido político. El pasado lunes, en su última intervención en el juicio oral, denunció como gran perseguidor a Luis de Guindos como al iniciarse su declaración lo hiciera contra Elena Salgado, quien fuera vicepresidenta para Asuntos Económicos del Gobierno Zapatero.

Las responsabilidades de Deloitte

Se queja también Rato, aunque con mas cautela, de  la actitud de Francisco Celma, socio de Deloitte, responsable de auditar las cuentas de Bankia, compañero de banquillo.  Rato admitió que desde finales de 2011 tenía «cierta inquietud» con algunos aspectos del balance, pero nunca les concretó los motivos. «No llegó a decirnos –asegura–: “Oiga, esto es esencial y sin ello no les voy a poder dar una opinión sin salvedades, que es lo que hubiera correspondido si los problemas eran realmente importantes».

«En mi conciencia –reitera– no había ninguna sensación de que tuviéramos un problema de salvedades, nadie me lo había transmitido», tras afirmar que sólo tuvo una conversación telefónica «muy corta» con el auditor en abril al ver que seguía sin darles su dictamen.

Celma se defendió negando en mayo de 2017, antes de la iniciación del juicio oral ordenado por el juez Fernando Andreu de la Audiencia Nacional, que existiera colusión entre Rato y el auditor alegando que fue él quien reveló la crisis de la entidad al negarse a firmar las cuentas del ejercicio de 2011 por entender que las aprobadas por el Consejo del banco no reflejaban la imagen fiel de la entidad, lo que provocó la intervención del Estado.

No lo llega a decir Rato, aunque está en el ambiente, que si hubo colusión al principio –fue sancionada por el Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas por las dos auditorías parciales de 2011 por falta de independencia en septiembre de 2014 con una multa de 12 millones de euros– la auditora rectificó facilitándole al ministro  la liquidación de Rato.

Guindos exhibió con más énfasis las advertencias de Christine Lagarde, directora gerente del FMI, y del presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi.   Sostiene Ernesto Ekaizer en un artículo publicado en ‘El País’ el pasado martes bajo el título: “La conjura Deloitte-Guindos” que éste solicitó a Christine Lagarde que se hicieran públicas el 25 de abril las conclusiones preliminares de la misión quinquenal del Fondo sobre el sistema financiero español cuando el informe estaba previsto para junio.
Ya sabía el ministro –según Ekaizer– que el informe del FMI señalaría con el dedo a Rato y a Bankia. El comunicado decía en un párrafo dirigido a Bankia: “Para preservar la estabilidad financiera, es fundamental que estos bancos, especialmente el más grande, tomen medidas rápidas y decisivas para fortalecer sus balances y mejorar las prácticas de gestión y gobierno corporativo”. Deloitte, deduce Ekaizer, ya sabía todo lo que necesitaba para hacerse a un lado.

Exigencia de más provisiones, el arma del crimen

Según Rodrigo Rato, Luis de  Guindos –siempre sin nombrarlo– se valdría para hundirle la exigencia que le hiciera de unas provisiones excesivas e imposibles para Bankia, la entidad que Rodrigo Rato liderara sobre los escombros de Caja Madrid, Bancaja y compañía. Muy mala compañía.

Insistió Rato en que todo lo que hizo estuvo supervisado por el Banco de España, gobernado a la sazón por Miguel Ángel Fernandez Ordoñez, y que el banco reconocía entonces que su situación era «similar, e incluso mejor, que la de nuestros pares en el sector», a la vez que el valor de las acciones de Bankia evolucionaba «como la de los demás bancos». «No teníamos problemas de liquidez ni de retirada de depósitos, porque eso llegó luego con la intervención”, añadió el procesado.

Parece que en esto Rato tiene razón: el Banco de España y la CNMV estuvieron informados y sus dirigentes, Miguel Ángel Fernandez Ordoñez y Julio Segura, respectivamente, no actuaron con la diligencia debida. El juez Andreu decidió no imputarlos por entender que éstos se habían limitado a cumplir con sus obligaciones "aunque se hubiera detectado una conducta poco diligente”.

Apoya su tesis en FG que fue el más crítico

Destacó Rato que fue Francisco González (FG), presidente del BBVA por la gracia del exvicepresidente del Gobierno, quien le pidió que dimitiera pues no era presentable que un prohombre del PP presidiera una entidad rescatada por el Estado al coste más alto de la historia. Le venía muy bien al procesado esta petición de cese de su protegido y protector –recibió compensaciones de González para salvar a sus empresas familiares– pues reforzaba su argumento de que no le echaron por llevarse el dinero público a su muy privado bolsillo ni por una gestión desastrosa, sino por el hecho de haber desempeñado un alto puesto en el gobierno de Aznar.

No dice nada el procesado –y encarcelado por las tarjetas ‘black’– de lo que en una de las tres reuniones secretas que parecerían avalar las teorías conspiratorias dijeran los otros dos supuestos colegas convocados junto a FG: Emilio Botín e Isidro Fainé. Sería de especial interés lo que dijera este último, cuando lo que Rato le había propuesto al ministro Guindos con el mayor descaro fue que en lugar de despedirlo le ayudara a fusionar Bankia con Caixabank. Rato preveía que Isidro Fainé presidiría la entidad resultante hasta la jubilación y después él le sucedería como primer banquero de España.

Se queda uno ‘ojiplático’  recordando que Guindos y Fainé estaban presentes en las fantasmagóricas reuniones convocadas por aquél en su despacho ministerial de la plaza de Cuzco para el domingo 8 de abril, el viernes 4 de mayo y el domingo 6 de mayo de 2012.

Luis de Guindos, en la actualidad vicepresidente del BCE y por tanto con responsabilidades en las inspecciones de los banco sistémicos de la Unión Europea, nos ha proporcionado una versión viva de aquellas reuniones,  infrecuente en los libros escritos por quienes mantienen altas responsabilidades políticas. Estamos seguros de que De Guindos silencia algunas cosas pero de momento tenemos que conformarnos con lo que explicó en su libro: ‘España amenazada’, que ahora contradice Rodrigo Rato.

Confiesa Guindos que “si hay un asunto que me ha perseguido desde el principio –y del que aún queda tiempo para conocer el punto final– es Bankia.  El entonces  ministro de Economía apoya su decisión de cesar a Rato en Christine Legarde y Mario Draghi. Este último le avisó el 3 de mayo de 2012, copa en mano durante un cóctel: “Hay que actuar en Bankia”. Y a finales de este mes, ante el Parlamento Europeo hizo una severa crítica de la gestión de la entidad.

Como en una película de suspense financiero

El viernes, 4 de mayo, Rato había enviado las cuentas de 2011 sin el informe del auditor con unos beneficios de 309 millones de euros (luego resultaron unas pérdidas de 3.030 millones). “Muchas de las situaciones vividas en el ‘caso Bankia’ –escribe Rato– fueron inauditas o sorprendentes. Que una sociedad cotizada entregara sus cuentas sin auditar a la Comisión Nacional el Mercado de Valores (CNMV)… No dábamos crédito. Que la auditora en cuestión hubiera dado por buenas menos de un año antes la cuenta del primer trimestre de 2011 que avalaron la salida a Bolsa y también la del primer semestre … Más chocante todavía.” 
 
En todo caso la escena montada por Luis de Guindos con los banqueros para cargase a Rodrigo Rato, sin presencia, por cierto,  del gobernador del Banco de España, a la sazón Miguel Ángel Fernández Ordoñez (MAFO), en cuyas supuestas indicaciones se ampara el procesado, merece una película de suspense financiero.

Explica Rato, con la coña que le caracteriza, que “se organizaban cenas en las que traen a otros para que digan las cifras”. En una de ellas, según señala, los del cenáculo subieron alegremente la cifra del saneamiento necesario de 7.000 millones de euros a más del doble.

«El Ministerio por razones políticas, y a través de su director general, me traslada a mí personalmente que el Gobierno quiere que Bankia haga un saneamiento mayor», enfatizó Rato en su respuesta a las preguntas del Ministerio Público. «Esa es una petición política que no me traslada el Banco de España (BdE), sino el Gobierno en unas reuniones con mis tres principales competidores (BBVA, Santander y CaixaBank)».

«En una cena del 4 o 5 de abril de 2012 –relató Rato durante el cuarto día de interrogatorio de la Fiscalía– nos exigen que Bankia provisione 15.000 millones (de euros), cosa que yo consideraba desproporcionado y que no podíamos hacer».

Una cena en la mesa en la que se decidió pedir el rescate bancario

Es interesante lo que cuenta Luis de Guindos sobre las cenas con los presidentes de los cuatro grandes bancos españoles, incluido el presidente de Bankia, Rodrigo Rato, el viernes 4 de mayo de 2012 y el domingo 6 de mayo. Sentó el ministro a los banqueros en una mesa redonda donde un mes después se decidió pedir el rescate bancario.

En “el modesto tentempié” del 4 de mayo en el que se manejaron “miles de millones de euros difíciles de sugerir” , el ministro explicó a los banqueros las medidas de saneamiento adicionales del denominado ‘Guindos II’ que exigía la cobertura de los activos inmobiliarios no problemáticos. Casi al final del tentempié Rato le pidió que les convocase otra vez para hablar exclusivamente de Bankia y se comprometió a presentar un nuevo plan que se fijó para el siguiente domingo, 6 de mayo.

“A lo largo de dos horas –relata Luis de GuindosRato explicó su plan y escuchó las intervenciones de los banqueros, la más dura, la de Francisco González. A González lo apoyó Emilio Botín, ante un Fainé tibio”. Según la opinión de los comensales, el plan de 7.000 millones de euros de inyección pública era insuficiente porque el agujero de Bankia era más grande y coincidieron en que había que actuar con urgencia porque afectaba a la totalidad de todo el sistema financiero.

“Rodrigo, le exige Guindos, dimite sin más regates”

“La reunión –precisa Guindos– terminó al filo de las 10 de la noche y cuando yo estaba a punto de salir, me llama Rato y pide volver a verme, esta vez a solas. Le explico que la situación ha llegado a un límite y que habría que convertir las preferentes en manos del FROB (los 4.456 millones inyectados en la fusión con Bancaja) en capital. Me responde que ello supondría la nacionalización de la entidad y entonces insinúa que está pensando en dimitir. Al día siguiente, lunes 7 de mayo, me llamó desde el coche camino de La Moncloa para decirme que iba a presentar la dimisión al presidente del Gobierno. Me pide que hable con José Ignacio Goirigolzarri porque antes de aceptar quiere que el Gobierno le dé el visto bueno a su sustituto al frente de Bankia”

Colige De Guindos que a medida que se producían los acontecimientos Rato mismo se dio cuenta de que no podía presidir una entidad nacionalizada por un Gobierno del PP, que no tenía un pase. Al día siguiente de presentar la dimisión al presidente del Gobierno, y no al gobernador del Banco de España, como hubiera sido lo precedente, lo que muestra que él no se consideraba banquero, sino político, le llamó al ministro para explicarle que había pensado en aplazar su renuncia hasta la Junta de Accionistas de Bankia que debía celebrarse un mes después y le propone que nombre de inmediato a ‘Goiri’ vicepresidente y consejero delegado para que después pasara a ser su sustituto. El ministro, que no daba crédito a lo que escuchaba, le exigió que convocase al día siguiente el Consejo de Administración para dimitir “sin más regates”.


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