Nº 1761 lunes 7 de Enero de 2019


DESTACADO


Ha llegado la hora de reformar la moneda común

El euro cumple 20 años


NL

Con las uvas que acompañaron las campanadas que marcaban el inicio de 1999 España abandonaba oficialmente la peseta que no entraría en vigor en la práctica hasta febrero de 2002 y que podrá ser cambiada por el euro hasta las campanadas del fin del 2020 y principio del 2021.

España dijo adiós a la entrañable moneda que se había introducido como moneda oficial desde 1868, el año de la revolución denominada “Gloriosa” que envió al exilio a la reina Isabel II. Antes de su designación oficial había circulado con respaldo bancario privado en Barcelona, 60 años antes con la denominación catalana derivada de peceta, un diminutivo de pieza. Nació, pues, como una piececita.

La más memorable y alta ocasión que vieron los siglos

La introducción del euro, que en principio fue acogido por once países, representó el gran salto hacia adelante del proyecto hacia la Unión Europea, la más memorable y alta ocasión que vieron los siglos pasados, como calificó Miguel de Cervantes a la batalla de Lepanto, que frenó a los turcos a las puertas de Europa. Ahora la nueva moneda, la segunda tras el dólar, circula por 19 países y es referencia de otros 60. Los mismísimos turcos aspiran a ingresar, esta vez pacíficamente, en las instituciones europeas.

Una decisión voluntarista

La fundación del euro, de enorme trascendencia económica, fue sobre todo una decisión política, digamos que voluntarista, forzando el gran paso, sin pararse en las dificultades de una operación que no contaba con los requisitos técnicos apropiados.
Faltaba, entre otros requisitos, el de un banco central que más allá del nombre, Banco Central Europeo, y unas siglas, BCE, cumpliera plenamente las funciones de prestamista de último recurso, al modo del que cumplían los bancos centrales nacionales, el Banco de España respecto a la peseta y los homólogos de Francia y Alemania para velar por el franco y el marco, respectivamente.

Faltaba también la posibilidad real que tenían los miembros de manejar las respectivas políticas fiscales y monetarias que permitían manejar devaluaciones o revaluaciones. Y, a pesar de la creación de la Unión Bancaria Europea, se echaba de menos un fondo común de garantía de depósitos. No escasean las siglas voluntaristas, las del BCE, un banco semicentral con el que Mario Draghi ha hecho virguerías al borde de sus estatutos, o de la Unión Bancaria Europea, que promete más que da, pero sí se echa en falta que se llenen de contenido.

Es la hora de la reforma

Ahora los ministros de Economía y Finanzas trabajan para llenarlo en la cumbre convocada para reformar el euro, para lo que los países de la moneda común, donde conviven los gobiernos más diversos, y las economías del déficit con las del superávit, tendrán que unir a la prudencia, la ambición. 

Mucho depende de que el presidente francés, Macron, y la canciller alemana, Merkel, se pongan de acuerdo para adelantar otro paso importante hacia una verdadera moneda común apoyada en un banco central europeo verdaderamente central; con un fondo de garantía de depósitos único; la mutualización de las deudas; y un avance notorio hacia una política fiscal común. Una política que desembocaría en el nombramiento de un verdadero ministro de Economía y un no menos verdadero tesorero europeos y, por tanto, más cesión de soberanía.

Al final todo depende de que los gobiernos estén sinceramente por la labor de avanzar hacia una unión más estrecha o todo lo contrario, una resistencia envuelta en buenas palabras, que de todo hay en la viña del Señor. La confirmación del euro será, tras su bautismo hace 20 años, la segunda gran ocasión que vieron los siglos.

Lo que no hay que olvidar es que el euro ha sido una bendición para España que le ha permitido financiarse holgadamente, en cantidad y en coste, y que llegada la década de la crisis más profunda del siglo, recibió el oxígeno para el rescate bancario. Como una bendición fue la entrada de nuestro país en las Comunidades Europeas, que se benefició de importantes fondos que han ayudado a que este país alcanzara una potencia impensable hace una década.

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