Nº 1749 lunes 8 de Octubre de 2018


DESTACADO



Pagará finalmente los delitos cometidos con descaro e inmensa arrogancia

Rato irá, por fin, a la cárcel


NL

Al ratificar el Tribunal Supremo la condena a cuatro años y medio de prisión que la Audiencia Nacional le había impuesto el 23 de febrero de 2017 por el uso delictivo de las tarjetas ‘black’, por apropiación indebida, Rodrigo Rato no podrá evitar la cárcel.
Este hombre, que fuera vicepresidente en el Gobierno de José María Aznar, es, que recordemos, el más alto cargo encarcelado y quizá el que mostró más descaro en su prepotencia, aunque ésta, la alta prepotencia, no aparece en el Código Penal. Sin embargo, el asunto de las tarjetas ‘black’ no es el único enjuiciado por la Justicia. Pronto volverá a pisar el banquillo cuando la Audiencia lo juzgue por los delitos que pudo cometer cuando Rato sacó Bankia a Bolsa, maquillando, al parecer, las cuentas, así como por el posible delito de blanqueo de su patrimonio personal.
Rato optimizó sus rentas de posición con astucia y sin complejos, quizás en el convencimiento de que a él, en su infinita inteligencia, no se le podían aplicar las leyes que nos afectan a los pringados del vulgo.

La inmensa ambición de presidir un gran banco

Luis de Guindos relata en su libro España amenazada, aparecido en septiembre de 2016, el mal ambiente que las balas le silbaban muy cerca cuando remitió a la Fiscalía el escándalo de las tarjetas ‘black’ de Caja Madrid que afectaban a personalidades del Partido Popular, encabezadas por Rodrigo Rato.

Recuerda De Guindos que horas después de presentar su dimisión al presidente del Gobierno el 7 de mayo de 2012 – en lugar de hacerlo ante el gobernador del Banco de España, que le debió parecer poca cosa– se arrepintió pero que fue él, Guindos, quien le instó a acelerar su marcha. "Al día siguiente de presentar su dimisión al presidente Rajoy –relata De Guindos–  Rato me llamó por la mañana para hacerme una nueva propuesta. Me explicó que había pensado en aplazar su renuncia hasta la junta de accionistas de Bankia que debía celebrarse un mes después".
Pretendía seguir él de presidente y nombrar a Goirigolzarri vicepresidente y consejero delegado para que después pasara a ser su sustituto. De Guindos no daba crédito a la propuesta: "Le pedí –asegura– que convocase al día siguiente al Consejo de Administración para dimitir sin más regates".

Y añade: "Durante aquellos primeros meses de 2012 Rato vino a verme al despacho unas 15 veces, la mitad de ellas solo". Y revela que le planteó fusionar Bankia con La Caixa formando un nuevo banco que él presidiría cuando se jubilara Fainé, una operación que “se descartó por motivos que no se han terminado de aclarar".

Rodrigo Rato, tras alcanzar la Vicepresidencia del Gobierno de España, ambicionaba algo más importante: presidir un gran banco. Ya lo había proyectado al llevar a Francisco González, un agente de Bolsa sin experiencia bancaria, primero a presidir Argentaria y, tras forzar arteramente la fusión con el Banco Bilbao Vizcaya, al BBVA. Al parecer proyectó que FG le guardará el sillón hasta que, cuando abandonara  su cargo en el Gobierno, pudiera ocuparlo él. 

No le llenaba el ego ni la vicepresidencia económica ni la dirección del FMI, con categoría de jefe de Estado, ni la presidencia de Caja Madrid y Bankia, que le quedaban cortas aunque se consoló holgadamente con el bolsillo, como al parecer antes se benefició Miguel Blesa, a quien bien podemos llamar pobre tras su trágico final, al no poder aguantar la vergüenza del repudio público que lo llevó al ostracismo.

La muerte, que tuvo lugar en julio de 2017, le evitó la cárcel pero no suspendió la acción civil que obliga a sus herederos a devolver el dinero obtenido de las tarjetas negras. Ahora el Tribunal Supremo ha confirmado la resolución de la Audiencia Nacional respecto a este extremo.  

Todavía no se puede calibrar de forma segura la contribución de cada uno al formidable agujero que obligaría a la nacionalización de Bankia, que se llevó la mitad del dinero recibido de la Comisión Europea en el rescate financiero de España.

Bankia, el mayor escándalo financiero que vieron los tiempos

En efecto, el caso Bankia y su nacionalización el 9 de mayo de 2012 se ha convertido en uno de esos fenómenos que dibujan un antes y un después; en el mayor escándalo que vieron los tiempos, que ha reducido a la dimensión de pecadillos, de anécdotas  sin importancia, a los Rumasas y demás catástrofes financieras del pasado. Con una diferencia notable: que Mariano Rajoy no cree necesario averiguar qué es lo que ha ocurrido ni, por tanto, pedir responsabilidades a los causantes del inmenso agujero negro, del pozo de ignota profundidad que sólo permite groseras aproximaciones siempre crecientes. Una catástrofe sin responsables como si fuera efecto de las fuerzas incontenibles de la naturaleza, como el terremoto de Fukushima.

Bankia se ha constituido en referencia universal; ha  ayudado que su último presidente antes de la nacionalización, Rodrigo Rato, daba unos beneficios de 41 millones de euros que resultaron unas pérdidas de 3.318 millones.  El caso es que los periódicos y televisiones de todo el mundo abrieron sus primeras páginas y sus telediarios con Bankia, una palabra que se lee como sinónimo de la falsedad española, un término que hace temer que este país no sea fiable.

Bien podemos llamar “pobre” a Miguel Blesa o “el más rico del cementerio”  tras su trágico final, al no poder aguantar la vergüenza del repudio público que lo llevó al ostracismo. La muerte, que tuvo lugar en julio de 2017, le evitó la cárcel pero no suspendió la acción civil que obliga a sus herederos a devolver el dinero obtenido de las tarjetas negras. Ahora el Tribunal Supremo ha confirmado la resolución de la Audiencia Nacional respecto a este extremo.  



... y todo El Nuevo Lunes en www.elnuevolunes.es

volver