Nº 1743 lunes 30 de julio de 2018


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Recibe a sus presidentes uno a uno y sin foto

 

Sánchez se reconcilia con el Ibex

 

NL

“El Ibex se reúne en Moncloa con Sánchez: de la defenestración al “voto de confianza”, titulaba El Independiente.com, el digital de Casimiro García-Abadillo, en su edición del pasado miércoles, encabezando una interesante información que señalaba que el presidente del Gobierno ya ha recibido a Ana Botín, Ignacio Sánchez Galán y José María Álvarez-Pallete y que el próximo invitado es el presidente de ACS, Florentino Pérez.
Pedro Sánchez ha optado por recibir a los presidentes de las compañías que encabezan el capitalismo hispano, al estilo de Felipe González, José María Aznar y Mariano Rajoy, uno a uno, sin comunicados, ruedas de prensa, ni fotos del encuentro.

Y lo está haciendo a diferencia de las prácticas de José Luis Rodríguez Zapatero, a quien le encantaba hacerse la foto con los banqueros y con los presidentes de las grandes compañías para presumir de que contaba con el apoyo del empresariado, lo que en su opinión incrementaría la inversión y el empleo.

Los feos que le hicieron, pelillos a la mar

Pedro Sánchez supera así los feos que le hicieron algunos mandarines del Consejo Empresarial de la Competitividad (CEC), que actuaba como lobby político y que maniobraron a favor de Soraya Sáenz de Santamaría frente a Mariano Rajoy y a favor de Susana Díaz frente a Pedro Sánchez; un lobby que apoyaba a Ciudadanos y conspiraba contra Podemos; que influía en el diario El País y que consiguió que expulsaran a Pedro J. Ramírez de El Mundo.

El mayor acierto del CEC fue autodisolverse en enero de 2017, tras seis años de actuación, una vez que había desaparecido, por distintos motivos, el núcleo fundador del lobby: César Alierta, presidente fundador, por cese; Emilio Botín, que de hecho copresidía el lobby aunque entendía que como banquero no debía aparecer en primera fila; Leopoldo Rodés, promotor de la iniciativa; Isidoro Álvarez y José Manuel Lara, también por defunción.
Su presidente, César Alierta, que fue muy activo apoyando a Susana Díaz frente a Sánchez en la dura pugna en las filas socialistas, al cesar en la presidencia de Telefónica, sustituido por José María Álvarez-Pallete, que se negó a suceder a su antecesor en el CEC. Pallete, que había asegurado a Sánchez, antes de que éste se hospedara en La Moncloa, que no sabía nada de la operación de Alierta, se habrá explayado ahora en el palacio del poder en expresar su adhesión al nuevo inquilino.

Sánchez recibió en primer lugar a la primera del ranking siguiendo el protocolo del poder económico, a quien se considera como la mujer más poderosa de España. La presidenta del Santander, el primer banco de Europa, que ha marcado un estilo muy diferente al de su padre, se negó a continuar en el aludido lobby y, a diferencia de éste, que se había manifestado a favor de Rodríguez Zapatero topándose con la animadversión de Mariano Rajoy, le aseguraría con el debido énfasis que ella no se mete en política. Por lo menos en política hispana, pues no tuvo inconveniente en formar parte de un influyente grupito que asesoraba al presidente Cameron.

Obviamente, Ana Botín le habrá manifestado su disgusto sobre la tasa bancaria aunque no creo que le haya amenazado con sacar de España la sede del Santander, como insinúan algunos.

El ‘lobby’ ya no se ejerce en grupo

Ahora el lobby no se ejerce en grupo, sino uno a uno, como es natural, pues cada uno de los presidentes de las grandes empresas españolas, las de mayor capitalización bursátil que les permite pertenecer al Ibex, son lo suficientemente poderosos para ejercerlo individualmente y en beneficio de la entidad en la que mandan, en ocasiones con poder absoluto. Hacerlo en grupo sólo sirvió para generar miedo al fantasma de un grupo de presión en la sombra a quien se le atribuyen las mayores maldades.

Sánchez ha escuchado deferentemente a la presidenta del Santander, al presidente de Telefónica y al de Iberdrola, todos ellos líderes en sus respectos sectores, y les habrá tranquilizado sobre su política económica que dirige Nadia Calviño, a quien Ana Botín colmó de elogios. No tendrá problemas con Florentino Pérez, florentino en el arte de cultivar a los gobiernos y a las oposiciones, que necesita como nadie al Gobierno al moverse en el proceloso campo de la construcción y las infraestructuras.

Ni a los empresarios les interesa llevarse mal con el Gobierno ni al Gobierno asustar al empresariado. Es de esperar que sin interferencias impropias.

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