Nº 1716 lunes 22 de enero de 2018
DESTACADO

 

Reyes Calderón se valió del ‘cazacerebros’ de acuerdo con los deseos
del mexicano Antonio del Valle

Spencer Stuart cobró al Popular 605.000 euros
por fichar a Saracho... que ya estaba fichado


  
No se puede separar su puesto en Bankia de su gestión política, pues es evidente que no alcanzó la deseada poltrona por concurso oposición. Como se recordará, Miguel Blesa fue despedido de Caja Madrid por Esperanza Aguirre, pero ésta no logró colocar al frente de la misma al hoy también procesado Ignacio González. Mariano Rajoy, con el beneplácito de José Luis Rodríguez Zapatero, entonces en el poder, puso de presidente a Rodrigo Rato, que saqueó la caja y la llevó a un desastre que obligó al Estado, una vez transformada en Bankia, tras unas fusiones demenciales, a rescatarla aportando 20.000 millones de euros de los contribuyentes. No es correcto deslindar un desempeño honrado como vicepresidente en el Gobierno Aznar de una conducta corrupta en la gestión de Bankia. No olvidemos, por poner un ejemplo, las maniobras de Rodrigo Rato para colocar al frente del BBVA a su amigo Francisco González, un favor que FG retribuiría concediendo créditos aventurados a la familia Rato cuando presidió Argentaria.

■ N. L.

El pasado martes, 16, Eduardo Segovia, uno de los periodistas que mejor han seguido la agonía y muerte del Banco Popular, publicaba una interesante exclusiva con factura
incluida que tituló “El Banco Popular pagó 605.000 euros al ‘cazatalentos’ que fichó a Emilio Saracho”. O sea, Spencer Stuart facturó medio millón de euros más IVA por seleccionar a quien Reyes Calderón ya había fichado para suceder a Ángel Ron en la Presidencia de la desgraciada entidad.

La factura estaba dirigida a Reyes Calderón, la consejera coordinadora –descoordinadora, según la tachaba Ron, el presidente saliente–, que se valía del célebre cazacerebros para dar cobertura a su decisión de sustituirlo por alguien mejor visto por el inversor mexicano Antonio del Valle, coordinado, éste sí, con Calderón.
Una curiosa alianza entre una opusdeísta noveno dan y un miembro predilecto de los Legionarios de Cristo.

No es casual que el célebre cazacerebros esté dirigido por un miembro no menos ilustre del Opus Dei, que algo tiene que ver con que fuera la consultora de cabecera desde tiempo inmemorial del Banco Popular, una entidad producto del matrimonio
entre Luis Valls y la Obra de Dios. La cantidad pagada produce envidia pero estaría justificada si Emilio Saracho hubiera conseguido salvar al banco caído, pero los
milagros se denominan así por su escasez.

En realidad, como ocurre con frecuencia, estas empresas sirven de coartada para dar apariencia de objetividad a los nombramientos polémicos. A Stuart Spencer le había proporcionado Reyes Calderón el nombre de Emilio Saracho. A ella se lo había indicado Antonio del Valle, una vez que José Ignacio Goirigolzarri, presidente de Bankia, rechazara el ofrecimiento.

Cuando nombraron a Saracho todos lo colmaron de elogios

Es verdad que los éxitos tienen muchos padres y los fracasos nacen huérfanos. Cuando nombraron al hombre de la Morgan todos lo colmaron de elogios y de forma especialmente encomiable el ministro de Economía, Luis de Guindos; el gobernador y el subgoberandor del Banco de España, Luis María Linde y Fernando Restoy, respectivamente; el presidente de la CNMV, Sebastián Albella; y, todo hay que decirlo, la prensa entera. Cuando fracasó todo el mundo se ha puesto de perfil.

Averiguar quién fue en realidad el“culpable” del nombramiento de Emilio Saracho fue uno de los misterios que tuvo que desentrañar nuestro director, José García Abad,
en su libro: Cómo se hundió el Banco Popular, editado por Ediciones El Siglo y distribuido por Amazon.

Saracho no sabía de banco comercial pero sí de ponerlo a la venta

Según nos indican en el entorno de Saracho, éste se resistió vehementemente
a aceptar el encargo. Se lo había desaconsejado su jefe, el presidente de JP Morgan mundial Jamie Dimon cuando Saracho recibió las primeras insinuaciones. Dimon le había aconsejado que rechazara el puesto si se producían uno de los siguientes hechos: 1) que el Consejo de Administración estuviera fuertemente dividido y 2) si el banco se encontraba en una rampa de caída con una inclinación por encima del 45 por ciento, en cuyo caso no había nada que hacer.

“¿Por qué no contratáis a Ronaldo?”

A mitad de noviembre Saracho se reúne con el head hunter y con Reyes Calderón, y se mantiene en su negativa…
—Os agradezco la oferta, pero me parece una mala elección, entre otras cosas porque no tengo la menor experiencia en banca comercial— argumenta el cerebro en trance de
ser cazado.
—Es que hemos cambiado al consejero delegado, que viene de la banca comercial, del Deutsche, hace un par de meses y no queremos un presidente que sea como una copia, sino alguien que le complemente— argumenta Reyes Calderón.
—«¿Por qué no contratáis a Ronaldo? —replica Saracho, según dichas fuentes—. No sabe de banca comercial y es complementario.
—No, hombre —insiste divertida Reyes—, en estos momentos tu experiencia en banca de negocios nos puede ser muy útil. Si hay que hacer una ampliación, o vender el
banco, tus conocimientos son valiosísimos.
—Mira, Reyes —remacha Saracho—, si me hacéis presidente sería como poner una cinta roja de diez metros de ancho, rodeando al Edificio Beatriz con un cartel de «se vende». Me parece un disparate, pero estoy dispuesto a considerarlo si la oferta va en serio.

Calderón sobrepasó sus funciones

El proceso de sustitución, sostiene Eduardo Segovia, no estuvo exento de polémica, puesto que Calderón acordó los honorarios del servicio de consultoría de Spencer Stuart antes de que, según las actas internas del Consejo de Administración del Banco Popular a las que tuvo acceso el periodista, se pusiera en marcha oficialmente la sustitución de Ron.

De hecho –añade Segovia–, existe una nota de uno de los bufetes que asesoraba al banco, Albiñana& Suárez de Lezo, que arremete contra la actuación de Calderón en un
documento titulado “Actuaciones irregulares de la consejera coordinadora y presidente de la Comisión de Nombramientos”.
En este informe se asegura que Calderón «ha realizado unilateralmente un conjunto de actuaciones para las que no tiene facultades y que suponen un incumplimiento de normas básicas del gobierno corporativo».

No es la única irregularidad que cometió Reyes Calderón en esta materia, tal como se detalla en el aludido libro de José García Abad.

Volver