Nº 1708 lunes 8 de noviembre de 2017
DESTACADO

 

MAFO, refractario a la autocrítica, reparte culpas de la crisis

 

Llegamos a la estupefacción cuando MAFO afirmó que fue él quien alertó sobre la burbuja que se estaba produciendo. Lo que no dijo es a quien alertó. Desde luego no fue al presidente del Gobierno, a la sazón José Luis Rodríguez Zapatero ni al pueblo soberano. MAFO, impertérrito, se sorprendió de que “prácticamente nadie alertara de lo que estaba pasando”.
Hagamos un poco de historia: David Taguas, como director de la oficina de Zapatero, le había avisado con su reconocida precisión  econométrica de la burbuja inmobiliaria.
”Estas equivocado, David ―le aseguró el gobernador con su consabida contundencia―, estamos iniciando un nuevo ciclo expansivo. A partir de entonces Taguas se negó a visitar al gobernador.

■ N. L.

Miguel Ángel Fernández Ordóñez (MAFO) fue gobernador del Banco de España desde 2006 a 2012. Le tocaron pues cayeron sobre él, sin que este hombre, refractario a la autocrítica, se diera por aludido de las desastrosas consecuencias de la burbuja inmobiliaria.

Fue la madre de todas las burbujas que nos llevó a un rescate financiero europeo de 45.000 millones de euros que hay que devolver. El propio MAFO resaltó en su comparecencia parlamentaria, como si no fuera con él la cosa, que los 45.000 millones perdidos no eran lo peor. Lo peor, sentenció, fue “todo el desastre social que ha causado esta crisis: cinco millones de parados, pérdidas de hogares; recortes salariales y miles de millones que no han ido a la educación ni a la sanidad”.
MAFO aprovechó su comparecencia el pasado martes en la Comisión del Congreso de los Diputados que investiga las ayudas a la banca para desplazar sus responsabilidades y repartirlas entre los demás, que ciertamente tienen su cuota de culpa, al tiempo que exhibía sus aciertos.

Generó estupefacción al afirmar que fue él quien alertó sobre la burbuja

Sorprendió su proclamación de inocencia a los representantes del pueblo, y creo que al pueblo en general, el exgobernador del Banco de España, exsecretario de Estado de Hacienda y exsecretario de Estado de Economía, entre otros altos cargos. Y llegaron y llegamos a la estupefacción cuando afirmó que fue él quien alertó sobre la burbuja que se estaba produciendo.

Lo que no dijo es a quién alertó del tsunami que nos caería encima. Desde luego no fue al presidente del Gobierno, a la sazón José Luis Rodríguez Zapatero, ni al pueblo soberano, a quien hay que tener informado. MAFO, impertérrito, se sorprendió de que “prácticamente nadie alertara de lo que estaba pasando”.

No le exigimos ni a él ni a nadie el don profético, pues como es sabido las previsiones son muy difíciles, sobre todo cuando se refieren al futuro. Pero sí es exigible a los cargos públicos que lo reconozcan cuando se equivocan aunque sólo sea para que comprendamos lo que ocurrió, que en lo que se refiere al sistema financiero, nos sigue ocurriendo. Sigue sufriendo sus secuelas, como puede verse con lo que ocurrió al Banco Popular y como no puede verse lo que está ocurriendo en otros bancos.

En lo único que parece que MAFO ha hecho autocrítica ha sido en su pertenencia al PSOE, el partido que le ha dado todos los cargos que le apetecían salvo el de ministro. Aprovechó Miguel Ángel Fernández Ordóñez la comparecencia parlamentaria para revelar que había dejado el partido en el año 2000.

MAFO: “Estás equivocado, David, estamos iniciando un nuevo ciclo expansivo”

Lo que pasó, según cuenta José García Abad en su libro El Maquiavelo de León fue lo siguiente: Zapatero se había limitado a tomar una serie de medidas dispersas, poco cohesionadas, al hilo de lo que hacían otros presidentes, pero su filosofía básica era esperar a que escampara.

La verdad es que esta conducta fue aconsejada por Miguel Sebastián, su gurú económico en todo momento, tanto cuando dirigía la Oficina Económica de Presidencia como cuando se dedicaba a luchar por el Ayuntamiento de Madrid, cuando volvió a la universidad, o finalmente, en la actualidad como ministro de Industria.

Sebastián le había convencido de que la crisis sólo era un resfriado del que uno se cura sin medicación, porque lo mismo dura con medicinas que sin ellas.

En la misma opinión se acomodaba Miguel Ángel Fernández Ordóñez, el gobernador del Banco de España. David Taguas, como director de su oficina, había recibido la instrucción del jefe de que se reuniera con MAFO cada dos semanas y Taguas, lamentablemente fallecido en dinámica juventud, le había avisado con su reconocida precisión  econométrica de la burbuja inmobiliaria.

”Estas equivocado, David ―le aseguró el gobernador con su consabida contundencia―, estamos iniciando un nuevo ciclo expansivo. A partir de entonces, Taguas se negó a visitar al gobernador.

No obstante, había otros economistas de la confianza de Zapatero, además del director de su oficina, que le bombardearon con mensajes sobre la gravedad de lo que venía. El presidente estuvo, pues, bien informado, pero prefirió situarse en el optimismo, pensando que de otra forma agravaría el problema. Optó por negar la evidencia de la crisis.

Volver