Nº 1699 lunes 11 de septiembre de 2017
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Han pasado 83 años y han cambiado muchas cosas, pero muy poco el conflicto catalán

El liderazgo de entonces lo desempeñó el dirigente de ERC Lluís Companys. y el de ahora, Carles Puigdemont (en el centro de la imagen, es conservador pero quien manda realmente es el líder de ERC, Oriol Junqueras, con permiso de la CUP. En el 34 Companys actuó presionado por un pequeño partido radical, el Estat Catalá, integrado en ERC, y ahora es otro partido radical, antisistema,
la CUP, el que lleva cogido por el cuello a ambos dirigentes.

■ N. L.

El 6 de octubre de 1934, el presidente de la Generalitat, Lluís Companys, líder de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC),  se asomaba al balcón de la Generalitat y proclamaba, unilateralmente, la República Catalana.

Han pasado 83 años y, salvando las distintas peripecias históricas, no parece que haya cambiado el fondo de la cuestión. Ahora se teme que el presidente Carles Puigdemont, procedente de la formación conservadora Partido Demócrata Europeo Catalán (PDeCAT), heredera del Movimiento fundado por Jordi Pujol y probablemente acompañado, a su izquierda, por el dirigente de ERC Oriol Junqueras, se asome a los mismos balcones de la plaza de San Jaume para proclamar, también unilateralmente, la República Catalana.

En el 34 la sublevación fue resuelta por el gobierno de la República con los cañones y esperamos que el próximo 1 de octubre la sangre no llegue al Ebro, aunque nadie puede prever que ocurrirá si la CUP lanza a sus muchachos a la calle y hay muertos.

Diferencias entre ambas fechas

Hay diferencias entre ambas fechas, pues las sociedades no se paran aunque los mitos permanecen y se robustecen por los precedentes históricos. El marco político actual difiere al del 34, entre otras cosas, en que España es un país miembro de la Unión Europea y del euro. También difiere  en que hoy los ejércitos se han civilizado y es impensable una solución militar a pesar de un turbador artículo, el octavo, de la Constitución que atribuye al Ejército “como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integración territorial y el ordenamiento constitucional”

Pero quizás el cambo más trascendente es el disfrute de una economía sólida con niveles inéditos del Estado del Bienestar, así como una participación más amplia, informada, y descentralizada de la ciudadanía en las decisiones  políticas. La rebelión de las masas que veía Ortega con aprensión ha triunfado para bien. Las opiniones públicas y la interrelación intensa en la aldea global impediría una solución miliar. Otro importante dato diferencial es  que  la clase obrera ha renunciado a la revolución violenta a diferencia de lo que ocurrió con la revolución de octubre de 1934 en la que participaron socialistas y anarquistas con sus respectivos sindicatos, la UGT y la CNT. Y es que la gente es consciente, como Pío Baroja, de que para lo único que sirve la sangre es para hacer morcillas.

Impresiona la constancia de la cuestión catalana

Salvando las diferencias producidas en 83 años, impresiona la constancia de la cuestión catalana que da la razón a Ortega y Gasset, quien en su mano a mano parlamentario con Manuel Azaña señalaba que el problema catalán no tiene arreglo y a que a lo más que podemos aspirar es a conllevarlo.

Las coincidencias de lo que ocurre hoy con lo que pasó en el 34 son asombrosas.  La rebelión independentista se produce en ambos casos gobernando en España un partido conservador, entonces la conjunción de derechas controlada por Gil Robles y hoy el Partido Popular de Mariano Rajoy.

La sublevación del 34 se produjo por la declaración de inconstitucional por parte del Tribunal de Garantías Constitucionales constitucional de una ley aprobada por el Parlamento catalán. La de 2017 ha sido alimentada mayormente por el cepillado que el Tribunal Constituciional hiciera del último Estatut.

Entonces y hoy manda un pequeño partido radical

El liderazgo de entonces lo desempeñó el dirigente de ERC Lluís Companys,  y el de ahora, Carles Puigdemont, es conservador, pero quien manda realmente es el líder de ERC, Oriol Junqueras, con permiso de la CUP.

En el 34 Companys actuó presionado por un pequeño partido radical, el Estat Catalá, integrado en ERC, y ahora es otro partido radical, antisistema, la CUP, el que lleva  cogido por el cuello a ambos dirigentes.

Y de aquí hasta nuestro días

Como se sabe la II República suspendió  la autonomía  de Cataluña y procesó al Govern en pleno. Algo parecido puede esperarse en estos momentos aunque nadie pedirá pena de muerte ni de cárcel, sino multas e inhabilitaciones. Por cierto, cuando el Tribunal de Garantías Constitucionales de la República condenó al president Companys a 20 años de cárcel como a cada uno de los consellers, se lanzó sobre el fiscal y le reprochó gritando: “Usted ha querido humillarme al no pedir para mí la pena de muerte”.

Como también se sabe, nadie pasó 20 años en la cárcel pues con el triunfo del Frente Popular producido en febrero de 1936, dos años más tarde, Companys y todo su Gobierno regresó en olor de multitud a Barcelona y ocupó el palacio de la Generalitat.

Y, ¿quién no recuerda, amargamente, la Guerra Civil y cómo cuando las tropas de Franco toman Cataluña fusilan aCompanys en los altos de Montjuic?. Después  llegó Franco cercenando las libertades catalanas, como las del resto de España.

Restablecida la democracia Cataluña siguió siendo una cuestión: Adolfo Suárez tuvo el coraje de entrevistarse con Tarradellas, presidente de la Generalitat en el exilio, reconociéndole  legitimidad para serlo en Cataluña. Cataluña, como en general la organización territorial del Estado, provocó uno de los debates más encendidos pero la Constitución fue aprobada mayoritariamente en Cataluña, como en el resto de España.
Lo siguiente, los 25 años de conllevancia con Jordi Pujol y su sustitución por el nuevo soberanismo, está tan reciente que no precisa recordatorio alguno.

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